La misión colombiana trabajó bajo estándares internacionales USAR con caninos y equipos tecnológicos para localizar sobrevivientes.
Después de varios días frente a una de las emergencias más complejas de los últimos años en Latinoamérica, el bombero pereirano Andrés Felipe Barbosa regresó a casa con una imagen imposible de borrar: el momento en que un niño de 11 años volvió a respirar. “Pudimos encontrar a Moisés y sacarlo de la estructura; eso compensa todo”, recordó.
Mientras su familia contaba las horas para volver a abrazarlo, Andrés Felipe Barbosa recorría montañas de concreto en el sector de la Guaira. Acero y polvo buscando señales de vida donde para muchos ya no quedaba esperanza.
El bombero de la Unidad Administrativa Especial Cuerpo Oficial de Bomberos de Pereira hizo parte del equipo colombiano que viajó a Venezuela para apoyar las labores de búsqueda y rescate tras el doble sismo del pasado 24 de junio.
Su regreso a Pereira estuvo marcado por los abrazos, la tranquilidad de quienes lo esperaban y los recuerdos de una misión que difícilmente podrá olvidar.
“Gracias al compromiso que ha tenido el municipio en formar bomberos, hoy pudimos ser seleccionados y, bajo la coordinación de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, salir a asistir al país hermano para poder brindar apoyo a las personas que sufrieron”, relató Barbosa.
La búsqueda que devolvió la esperanza
Cada jornada comenzaba con una nueva asignación. Los rescatistas trabajaban bajo los protocolos internacionales USAR, un sistema especializado para operaciones en estructuras colapsadas que define cada paso antes de ingresar a un edificio destruido.
“Nos basamos con normativa USAR. La célula de coordinación nos asignaba sitios de trabajo donde ingresábamos a hacer valoraciones estructurales, búsqueda de personas con caninos y con equipo tecnológico. Posteriormente, al evidenciar sobrevivientes, ingresábamos con todo el equipo a realizar las operaciones de búsqueda y rescate”, explicó.
Sin embargo, hubo un momento que cambió para siempre la misión. En medio del silencio que dejan los edificios derrumbados, los perros de búsqueda y los equipos tecnológicos detectaron señales de vida.
Debajo de una enorme pila de escombros estaba Moisés, un niño de apenas 11 años. Para los rescatistas comenzó entonces una carrera contra el tiempo. Cada movimiento debía hacerse con precisión para evitar que la estructura colapsara nuevamente sobre el menor.
Barbosa todavía revive ese instante con emoción. “La satisfacción que se siente llegar a una estructura y poder evidenciar con los caninos y el equipo tecnológico que hay sobrevivientes dentro de la pila de material es muy, muy, muy satisfactoria. Pudimos encontrar a Moisés y sacarlo de la estructura; eso compensa todo”, expresó.
No habló de las largas jornadas. Tampoco de las horas sin descanso. Cuando recuerda Venezuela, su memoria siempre vuelve al mismo lugar: el instante en que un niño recuperó la oportunidad de seguir viviendo.
El abrazo que también esperaba su familia
Mientras Andrés cumplía la misión internacional, en Pereira otra historia se escribía en silencio. Su familia seguía cada reporte con preocupación, esperando el momento de verlo regresar sano y salvo.
Mónica Ramírez Ruiz, su cuñada, reconoce que fueron días de incertidumbre. “En realidad sentimos tranquilidad porque ya está con nosotras, pero hubo mucha preocupación mientras estuvo atendiendo la emergencia. Afortunadamente todo salió bien”, manifestó.
Ese abrazo en el aeropuerto significó mucho más que el final de un viaje. Fue la confirmación de que quien había dedicado sus días a salvar vidas también había regresado con bien a la suya.
Entre todos esos recuerdos, Andrés Barbosa sabe que hay uno que jamás desaparecerá. El de Moisés. El niño de 11 años que, contra todo pronóstico, volvió a abrazar a su familia gracias a un grupo de rescatistas que nunca dejó de buscar vida entre los escombros.
