La comunidad educativa realizó una velatón para recordar al estudiante fallecido durante el terremoto y acompañar a su familia.
Roger David Ramírez Quiroz tenía que estar preparando junto a sus compañeros el último tramo de su vida escolar. En el Colegio Fabio Vásquez Botero, su nombre estaba entre los estudiantes del grado once y en la lista de una futura ceremonia de graduación. El sismo del pasado10 de agosto cambió ese camino, pero no borró su lugar. Este viernes, estudiantes, profesores y familiares se reunieron para recordarlo y anunciaron que su diploma será entregado a su madre.
La jornada comenzó con una velatón y una ofrenda floral en memoria del estudiante, fallecido durante el colapso de parte de la institución educativa ubicada en el municipio de Dosquebradas. La institución también rindió un homenaje especial a su mamá, en un encuentro que buscó reunir nuevamente a quienes resultaron afectados por la emergencia.
Para sus compañeros, la despedida tuvo un significado que va más allá de las circunstancias de su muerte. Aitana Chávez Fajardo, una de las estudiantes que compartió con Roger, habló de la persona que conocieron antes del terremoto.
“Él era un niño sumamente caballeroso, responsable, educado, la verdad él era el cariño hecho persona”, recordó Aitana.
En su descripción completó una frase que resume cómo lo recuerdan quienes compartieron el aula con él: “Era un niño muy bueno y la verdad esta pérdida nos tiene a todos muy, muy conmocionados”.
Un diploma que llegará a manos de su madre
Roger había llegado recientemente al Fabio Vásquez y cursaba grado décimo. De acuerdo con el rector de la institución, Julio Andrés Hurtado,destacó por su desempeño académico y lo promivieron al grado once.
Por eso, la comunidad educativa tomó una decisión para mantenerlo presente en el cierre de su ciclo escolar. La institución realizará la graduación y su diploma será entregado a su madre, como parte del homenaje que preparan para la familia.
La decisión conecta el recuerdo del estudiante con un momento que él debía vivir junto a sus compañeros. Su nombre estará presente en la ceremonia y la institución espera que sus familiares puedan recibir ese reconocimiento en su representación.
Durante la velatón también hubo homenaje musical. La cantante Dora Livia interpretó “Ayer te soñé”, una canción dedicada a Roger y a su madre, mientras se realizaba la ofrenda floral.
La institución, además, entregó una resolución formal de condolencia por la muerte del estudiante. El documento expresa las condolencias y solidaridad con sus familiares, contempla el acompañamiento espiritual y establece que una copia será entregada a la familia.
Un colegio que todavía intenta recuperarse
El homenaje ocurrió mientras el Fabio Vásquez Botero continúa enfrentando las consecuencias materiales del terremoto. La institución tiene alrededor de 980 estudiantes, de los cuales unos 550 pertenecen a la sede central.
La emergencia dejó también una larga lista de estudiantes afectados. Más de 30 alumnos resultaron heridos durante el sismo y seis docentes sufrieron lesiones. Incluso, uno de los profesores quedó especialmente afectado por la experiencia, debido a que fue quien encontró a Roger y tuvo que verificar sus signos vitales después de la emergencia.
Entre los estudiantes que resultaron lesionados tambi´pen se cuenta a Valeria Ramírez Mendoza, quien sufrió tres fracturas en sus extremidades inferiores y tuvo que ser sometida a una cirugía.
Su madre, Alexandra Mendoza, contó que durante la emergencia inicialmente no logró encontrar a su hija dentro del colegio. Después de buscar información, pudo ubicarla en un centro asistencial.
Para la familia, el hecho de que existieran simulacros y protocolos de evacuación fue fundamental. Valeria logró sobrevivir, aunque las lesiones obligaron a pasar por un proceso médico que todavía forma parte de las consecuencias personales que dejó el terremoto.
Durante el reencuentro, la estudiante también habló de lo ocurrido y manifestó su alegría por volver a encontrarse con sus compañeros. Agradeció que la situación no hubiera tenido consecuencias mayores y dejó un mensaje de gratitud después de lo sucedido.
El recuerdo de los segundos en que todo cambió
Sebastián Méndez Giraldo, docente de matemáticas, también relató cómo vivió la emergencia. El profesor se encontraba en el salón 19, ubicado en el cuarto piso, con el grupo Caminar 2, cuando comenzó el movimiento.
Como integrante del GIRE de la institución, activó los protocolos de evacuación. Los estudiantes comenzaron a salir y él permaneció hasta el final para verificar la evacuación.
La decisión resultó determinante. Mientras los alumnos buscaban ponerse a salvo, la estructura del colegio comenzó a colapsar.
La comunidad educativa volvió a ese momento durante la velatón, pero esta vez desde un espacio distinto: el de la memoria y el reencuentro. Para los profesores y estudiantes, regresar a la institución y encontrarse nuevamente representa también un paso dentro del proceso de recuperación.
Seis grupos perdieron sus elementos escolares
Los daños van más allá de la estructura. Seis grupos ubicados en la parte alta del colegio perdieron morrales, cuadernos, lapiceros, calculadoras, equipos electrónicos y otros elementos necesarios para estudiar.
Por esa razón, varios estudiantes permanecen en sus actividades académicas, pero desde sus viviendas.
La institución amplió la campaña de recolección para recuperar parte de esos elementos. Las personas que quieran aportar pueden llevar útiles escolares y equipos a la sede central, ubicada en la calle 23 #27-15, sector La Pradera, vía Naranjales. El restaurante escolar recibe las ayudas durante la mañana y hasta las 2 de la tarde; también pueden entregarse en la portería.
El objetivo es atender las necesidades inmediatas mientras avanzan las gestiones para recuperar las instalaciones.
Recuperar el colegio costaría más de $1.000 millones
El rector estima que la recuperación integral del Fabio Vásquez Botero podría superar los 1.000 millones de pesos, al sumar las obras de infraestructura y la reposición del mobiliario.
Solo en seis aulas se perdió buena parte de los elementos utilizados por los estudiantes. Cada salón tenía aproximadamente 35 alumnos y cada puesto, entre silla y mesa, puede representar alrededor de 300.000 pesos. Con esa referencia, únicamente la reposición del mobiliario de esas aulas representa una cifra superior a los 200 millones de pesos.
A esto se suman las reparaciones de la infraestructura, los elementos educativos, los equipos y las alternativas temporales que se necesitan para garantizar la continuidad de las clases.
El colegio también debe afrontar las dificultades relacionadas con los seguros y los procedimientos para intervenir una institución educativa pública afectada por una emergencia de esta magnitud.
Una institución que busca encontrarse
El Fabio Vásquez Botero comenzó su historia en 1980, cuando funcionaba en otro espacio relacionado con el sector del barrio El Campestre y bajo el impulso del padre Vásquez. La institución fue fundada por Rosendo Castaño, quien también fue alcalde de Dosquebradas.
La actual sede fue construida en 2004 y comenzó a funcionar allí en 2005. Hoy, más de dos décadas después de su traslado, el colegio enfrenta una de las mayores crisis de su historia.
La velatón permitió que estudiantes, profesores y familias volvieran a encontrarse después de semanas marcadas por lesiones, daños materiales, clases desde casa y la pérdida de uno de sus compañeros.
Para Aitana, sin embargo, el recuerdo de Roger no está relacionado únicamente con aquel 10 de agosto. Está en la manera como sus compañeros lo conocían antes de la emergencia: caballeroso, responsable y educado.
Por eso, cuando llegue la graduación, habrá una ausencia que todos podrán identificar. Roger David no estará físicamente junto a sus compañeros, pero su nombre aparecerá entre los estudiantes que culminaron esa etapa.
Su madre recibirá el diploma. Sus compañeros estarán en la ceremonia. Y la comunidad educativa volverá a pronunciar el nombre de Roger David Ramírez Quiroz, el joven que Aitana al que todos recuerdan con una expresión que terminó por definir el homenaje: “el cariño hecho persona”.
