La avenida Belalcázar tiene cerca de 50 familias con carpas, instaladas de manera improvisada tras perder sus viviendas.
El temor de regresar a casas afectadas tiene a más familias en las calles. Muchos improvisaron carpas para pasar las noches junto a las pocas pertenencias que les quedaron. Aunque existen albergues habilitados, algunos damnificados prefieren permanecer afuera porque deben trabajar y no quieren dejar a sus hijos “al cuidado de personas desconocidas”.
En el sector donde inicia la avenida Belalcázar, cerca de 50 familias permanecen en carpas mientras esperan una solución después del terremoto de magnitud 7.4 del pasado 10 de agosto.
La mayoría asegura que “nadie estaba preparado para una emergencia de esta magnitud”, pero las condiciones en las que están viviendo comienzan a convertirse en una nueva preocupación.
¿Por qué no quieren ir a los albergues?
Algunas familias aseguran que “no se sienten tranquilas trasladándose a los refugios” habilitados por las autoridades.
Una de las principales dificultades está relacionada con el cuidado de los niños. Los padres deben salir a buscar trabajo o realizar actividades para conseguir ingresos, pero no quieren dejar a sus hijos bajo el cuidado de personas que no conocen.
Ese es al caso de Daniela, una joven madre a la que le tocó quedarse sólo con una nevera y poca ropa. Vivía con su hija de 15 años y su esposo.

“A mi pareja le toca salir todas las mañanas a trabajar y yo debo salir en las tardes. Entonces, con qui´pen dejo a mi hija. Al menos en este sector estamos todos los vecinos”, dijo.
A esto se suma la necesidad de compartir baños y otros espacios comunitarios, situación que, según los damnificados, resulta especialmente complicada cuando se trata de familias numerosas.
Para ellos, permanecer cerca de sus viviendas también significa poder vigilar las pocas pertenencias que lograron rescatar después del sismo.
Carpas improvisadas
Las familias han armado sus propios refugios con carpas y elementos que consiguieron durante estos días.
Para todos, la situación se vuelve más difícil porque no saben “cuánto tiempo tendrán que permanecer en esas condiciones” ni cuándo podrán regresar a sus viviendas.
“Al menos yo, con la ayuda de mi hermana y los ingresos de mi esposo, ya estamos buscando un apartamento en alquiler. Pero acá hay personas que vivían del diario y quedaron sin nada”, agregó.
El problema ya no es únicamente encontrar un lugar para dormir. También necesitan alimentación, seguridad, condiciones sanitarias y una alternativa que les permita trabajar mientras recuperan sus hogares.
Los damnificados reconocen que la magnitud de la emergencia tomó por sorpresa a todos, pero hacen un llamado al Gobierno Nacional para que aumente el acompañamiento y acelere las soluciones para quienes continúan durmiendo en las calles de Pereira.
La realidad de estas familias se suma a la de otros damnificados que, una semana después del terremoto, continúan entre albergues, carpas y refugios improvisados en la ciudad.
