Afirman que las instituciones educativas están entre las que corren más peligro ante la expansión de este tipo de drogas.
Las señales de alerta comenzaron a aparecer silenciosamente. Primero fueron reportes aislados de intoxicaciones. Después llegaron las investigaciones médicas. Más recientemente, los decomisos de sustancias químicas utilizadas para alterar drogas sintéticas. Hoy, el sector salud observa con preocupación un fenómeno que parece avanzar más rápido de lo esperado. En Risaralda ya hay cuatro casos graves y decenas de investigaciones por el consumo de tusi.
A diferencia de otras drogas tradicionales, esta sustancia representa un desafío adicional. Detrás del nombre con el que es comercializado se esconden mezclas químicas cuya composición puede variar dependiendo de quién las produzca. Ketamina, estimulantes y otras sustancias son combinadas sin ningún tipo de control sanitario. La incertidumbre sobre los componentes convierte cada dosis en un riesgo para la salud de los consumidores.
El fenómeno no apareció de un momento a otro. Durante los últimos años, las autoridades sanitarias han observado cómo las drogas sintéticas han ido ganando espacio dentro del mercado ilegal, reemplazando progresivamente otras sustancias que durante décadas concentraron la atención de las entidades de salud y seguridad. Los especialistas advierten que el comportamiento del consumo ha venido transformándose en el departamento.
Sobre esa evolución, el diputado Javier Darío Marulanda, médico y cirujano, recordó que el departamento ya enfrentó problemas relacionados con otras sustancias antes de la aparición del tusi. “Primero fue la heroína. Hubo una clínica de metadona en el 2010 que logró sopesar el problema, pero luego se fue emigrando a ketamina y ahora lo tenemos con Tusi”, explicó.
De fiestas a colegios
Según Marulanda, el riesgo actual radica en que el consumo ya no estaría limitado a determinados escenarios o grupos sociales. Por el contrario, las alertas muestran que las drogas sintéticas están llegando a distintos sectores de la población. En ese contexto se teme que el fenómeno termine por expandirse más allá de los espacios tradicionalmente asociados al consumo.
“Esto no respeta ningún estrato. Puede ser la persona más humilde o puede ser la persona que viva en el barrio más elegante de Pereira”, afirmó el diputado. La advertencia cobra relevancia porque las investigaciones apuntan a que niños, adolescentes y jóvenes estarían entre las poblaciones más vulnerables frente a estas sustancias.
Uno de los datos que más inquieta al diputado es la posible presencia de estas sustancias en instituciones educativas. Aunque no se han revelado detalles específicos sobre los casos, las alertas han llevado a encender las alarmas en distintos sectores. “Es necesario capacitar a los colegios, que es donde más están llegando, donde están los focos”, aseguró Marulanda.
El también médico advirtió que la problemática no es sólo de la población joven. A juicio del diputado se han identificado situaciones relacionadas con el consumo en algunos ambientes laborales. “Pero también estamos encontrando casos a nivel empresarial”, señaló.
Cuatro casos graves y 37 investigaciones
Las cifras conocidas hasta el momento muestran un panorama que preocupa. Según Marulanda, actualmente se tiene conocimiento de cuatro casos graves asociados al consumo de estas sustancias y de cerca de 37 investigaciones por posibles intoxicaciones relacionadas con tusi.
“Hemos tenido casos graves de consumo y otros en investigación por posible intoxicación. Eso quiere decir que esta droga ya no es un anécdota, sino una realidad”, manifestó. Los registros sugieren que el fenómeno dejó de ser un asunto aislado para convertirse en una preocupación sanitaria creciente.
Marulanda explicó que una de las sustancias utilizadas en estas combinaciones es la ketamina, un medicamento empleado en procedimientos anestésicos y veterinarios bajo estrictos controles médicos. Sin embargo, cuando es usada sin supervisión profesional puede provocar serias afectaciones a la salud.
Más allá de la situación actual, hay quienes también observan con preocupación lo que podría ocurrir en los próximos años. Marulanda advirtió que Risaralda no está exenta de enfrentar fenómenos relacionados con drogas aún más peligrosas.
“No es raro que en un futuro podamos tener problemas con fentanilo”, alertó el diputado. La eventual llegada de nuevas sustancias sintéticas representa uno de los mayores temores de los especialistas en salud pública.
