Las tonalidades reflejan precio y el público objetivo. El tusi rojo es vendido como una versión “premium”.
A diferencia de otras sustancias, el tusi no tiene una fórmula estándar. Su composición varía según el fabricante, pero suele incluir ketamina, MDMA, cafeína, medicamentos veterinarios y aditivos como cal, colorantes alimentarios y productos de droguería.
Esto hace que su consumo sea impredecible y potencialmente letal. En Pereira, el mercado adoptó un sistema de códigos basado en colores. Tusi rojo, tusi verde, tusi amarillo. Cada color representa una fórmula, un proveedor, una banda criminal.
“Si usted entra a una discoteca y ve un mesón lleno de colores, sepa que hay una red criminal detrás”, advirtió el coronel Óscar Ochoa, subcomandante de la Policía Metropolitana.
El negocio
El llamado ‘cóctel de la muerte’ se instaló en el corazón de la vida nocturna. Así lo aseguran las autoridades, tras identificar un patrón creciente de consumo y distribución de tusi, también conocido como ‘tusibi’, una sustancia sintética y altamente adictiva.
Discotecas, fiestas electrónicas y eventos juveniles se han convertido en los principales escenarios donde circula esta droga. Detrás del auge, se esconde una compleja red criminal que combina microtráfico, lavado de dinero, uso de menores y sicariato.
Discotecas bajo vigilancia
Según inteligencia policial, varias discotecas del centro y del corredor de la Circunvalar son puntos de venta y consumo. Aunque no se ha señalado a ningún establecimiento específico, se han desplegado operativos encubiertos con agentes judiciales y fiscales.
“No estamos diciendo que todas las fiestas electrónicas sean peligrosas. Lo que decimos es que hay redes que usan esos espacios como fachada. Subastas de tusi a plena luz de luces láser, a la vista de todos”, señaló Ochoa.
El negocio es lucrativo. Cada dosis de tusi puede costar entre 60.000 y 120.000 pesos, dependiendo del color y la mezcla. En una sola noche, una red puede mover varios millones de pesos en un solo local.
Estas ganancias financian otras actividades criminales. El coronel Ochoa fue contundente al señalar la conexión entre el microtráfico de tusi y el sicariato en Pereira.
“Hay movimientos de sicarios que no están en La Churria o Cuba. Están circulando por discotecas, por barrios estratégicos. Están al servicio de quien pague más”, comentó.
El fenómeno no es exclusivo de Pereira. La Policía detectó patrones similares en Manizales y Armenia, donde también existen “burbujas operacionales” de las bandas que controlan el tusi.
La región cafetera, aseguran las autoridades, comparte redes de distribución, alianzas entre estructuras criminales y hasta los mismos alias en operativos simultáneos.
Amenaza de salud pública
El crecimiento del mercado de tusi no sólo es un problema de seguridad. Es, ante todo, un problema de salud pública. Al tratarse de una sustancia no regulada, sus efectos a mediano plazo son desconocidos.
Se han reportado casos de ataques psicóticos, convulsiones y muertes por sobredosis en Pereira y su área metropolitana. Las autoridades insisten en que no se trata de una moda inofensiva.
Los colores de la fiesta
360 Noticias habló con jóvenes que conocen de cerca esta sustancia. Explicaron brevemente el significado de cada color y el efecto que produce cada uno.
Tusi rojo: Tiene la mezcla más potente y peligrosa. Es el más común en fiestas electrónicas y ambientes donde se busca una experiencia extrema. Según, contiene altas concentraciones de anfetaminas, ketamina y cafeína, lo que genera un efecto estimulante agresivo.
Tusi verde: Produce efectos alucinógenos más prolongados. Esta variante suele incluir sustancias como benzodiacepinas o incluso escopolamina, compuestos que alteran la percepción y la memoria. El tusi verde es buscado por personas que desean “viajes mentales”.
Tusi amarillo: Se vende como una variante “tranquila” o relajante, pero su composición incluye opiáceos o tranquilizantes mezclados con otras drogas sintéticas, que generan un efecto sedante.
Tusi naranja: Supuestamente, es una de las mezclas más explosivas, especialmente por su alta pureza en ketamina combinada con MDMA. Está orientado a un público joven, adolescentes, que lo usan por su efecto rápido y su capacidad para desinhibir.
Tusi negro: es poco común, pero es la versión más costosa y exclusiva. Se comercializa en ambientes de alto poder adquisitivo y suele tener una composición con farmacéuticos y drogas difíciles de rastrear. Sólo se utiliza para eventos de carácter privado o sectores VIP de discotecas.
