Uno de los más violentos de la organización, actualmente está recluido tras su captura a comienzos de noviembre.
Fuentes judiciales aseguran que alias La D tiene en su espalda una serie de tatuajes que serían la representación gráfica de once posibles víctimas. Un elemento que muestra el nivel de violencia que este hombre impuso en la guerra criminal por el microtráfico entre Pereira y Dosquebradas.
Noticias 360 Digital obtuvo la fotografía de Sebastián Marulanda Quintero donde actualmente se encuentra, en un centro de reclusión. Allí se ve el macabro dibujo compuesto por once lápidas distribuidas en un recorrido similar al de un cementerio.
Cada una podría representar un hecho violento en medio de las disputas territoriales. Es decir, “los tatuajes serían la representación de once posibles víctimas”, dijo un informante.
Informes de inteligencia, aseguran que este diseño llamó la atención porque coinciden con eventos violentos atribuidos a su estructura, que operaba principalmente en el barrio La Soledad, Dosquebradas.
Una fuente judicial aseguró que este tipo de marcas son usadas por cabecillas para demostrar capacidad de daño, controlar subordinados y proyectar poder dentro y fuera de los centros carcelarios.
Un actor de peso en Cordillera
A Sebastián Marulanda Quintero lo señalan de ser uno de los hombres fuertes del grupo delincuencial Cordillera, con influencia directa en expendios de heroína y cocaína..
Noticias 360 Digital ya había advertido meses atrás que alias La D figuraba como un jefe discreto, temido por su capacidad para intimidar a expendedores en Pereira y Dosquebradas, incluso manteniendo actividad delictiva pese a detenciones previas.
Lo más preocupante para las autoridades es que lo habían capturado en agosto por porte ilegal de armas, pero quedó en libertad por decisión judicial, lo que permitió que su estructura mantuviera operaciones.

Tras su captura más reciente, el coronel Miguel Andrés Camelo Sánchez, comandante de la Policía Metropolitana, confirmó que se trató de un golpe certero contra un actor clave del crimen organizado, responsable de disputas y homicidios en sectores críticos.
Según información conocida por este medio, alias La D habría realizado un atentado contra Harold Alexander Maturana Mosquera, conocido como alias Negro Harold, otro actor señalado en la misma guerra territorial.
Las autoridades señalan que ambos se encuentran hoy privados de la libertad y, al parecer, recluidos en el mismo centro carcelario, situación que mantiene bajo reserva los protocolos de seguridad interna.
La investigación continúa
La reciente captura se logró durante un operativo del Bloque de Búsqueda en el barrio Modelo, de Dosquebradas, a donde los agentes llegaron tras semanas de seguimiento técnico y vigilancia encubierta.
En el lugar, hallaron una pistola 9 mm, un proveedor, 14 cartuchos, un celular de alta gama y elementos para dosificar estupefacientes, insumos que lo vinculaban a su rol logístico dentro de Cordillera.
La Fiscalía investiga si la trazabilidad balística del arma incautada coincide con homicidios pendientes de esclarecimiento, especialmente el de Johnny Armando Díaz García, asesinado el 8 de marzo en La Soledad.
Según el expediente preliminar, ese crimen habría ocurrido en medio de una disputa territorial por el control del expendio de drogas, un conflicto que dejó varios muertos durante el primer semestre del año.
Adicionalmente, los investigadores sostienen que alias La D habría participado en hechos que afectaron la estructura interna de su organización, actuando de forma autónoma para resolver tensiones entre expendedores.
La disputa armada
De acuerdo con fuentes del equipo investigativo, alias La D operaba como intermediario entre jíbaros de Dosquebradas y Pereira, lo que generaba alianzas y rupturas entre bandas locales.
La Policía sostiene que tenía capacidad para ordenar ataques selectivos, ejecutar cobros y administrar laboratorios improvisados para la dosificación de heroína, actividad que sostiene economías criminales en barrios vulnerables.
Por ahora, las autoridades verifican si las once lápidas tatuadas en su cuerpo corresponden a hechos criminales registrados, o si representan un código simbólico usado para demostrar jerarquía en la estructura.
