Diecisiete días después del terremoto de magnitud 7.4, recuerda cómo fue cada segundo durante la emergencia en Dosquebradas.
Durante tres horas, Michell García creyó que su mamá había muerto. Mientras tanto, Sandra Villa permanecía atrapada bajo los restos de su casa, abrazada a su hermana Sol. La mujer de 63 años murió a su lado y Sandra solo pudo escuchar cómo dejó de respirar, sin tener forma de ayudarla.
Sandra recuerda que aquel 10 de agosto tenía que salir de su vivienda, ubicada en el barrio Guadalupe (Dosquebradas), para practicarse unos exámenes y reclamar una medicina. Tenía previsto hacerlo a las 7 de la mañana, pero un retraso cambió por completo lo que ocurriría minutos después.
Estaba cepillándose los dientes cuando escuchó un sonido extraño en su teléfono. Al mirar la pantalla encontró una alerta de temblor y, poco después, comenzó el movimiento.
“Yo empecé a sentir que todo se movía y le grité a mi hermana: Sol, está temblando”, relató.
Su hermana apenas estaba saliendo del baño cuando comenzó la emergencia. Sandra alcanzó a abrir la puerta principal, pero cuando se asomó ya no había escaleras. Las dos caminaron hasta el mirador de la vivienda, se abrazaron y, en cuestión de segundos, la estructura se vino abajo.
Atrapadas entre los escombros
Sandra quedó boca abajo, con uno de sus brazos atrapado debajo de una reja y el otro abrazando a su hermana. Una pequeña abertura le permitía recibir algo de luz y respirar, pero no podía salir.
Su hermana, en cambio, quedó boca arriba y comenzó a pedir auxilio. El material que cayó sobre ellas empezó a caer en la boca de Sol y Sandra escuchó cómo se ahogaba.
“Yo podía hablar porque quedé boca abajo presionada, pero boca abajo, y había como una lucecita y por ahí empecé a gritar”, recordó.
Sandra intentó mantenerla tranquila mientras pedía ayuda. “Sol, no hable que se le llena la boca de arena. Yo hablo”, le dijo.
Pasaron los minutos y la voz de su hermana desapareció. Dejó de responder y de respirar. Sandra permaneció allí, consciente de que la mujer con quien vivía desde la pandemia había muerto a pocos centímetros de ella.
“Eso fue lo peor para mí, estar ahí con ella y no poder hacer nada, no poder ayudarla”, contó.
Su hija pensó que había perdido a su mamá
Mientras Sandra luchaba por mantenerse con vida, su hija Michell intentaba localizarla. Había logrado salir del apartamento donde vivía y comenzó a llamar por teléfono a su mamá y a su tía, pero ninguna respondía.
Cuando llegó al lugar, encontró que la vivienda había desaparecido. En medio de los escombros, los rescatistas inicialmente encontraron un brazo y, según el reporte que recibió la familia, no había signos vitales.
Michell creyó entonces que su mamá había muerto.“Yo duré durante tres horas llorando a mi mamá, la muerte de mi mamá, pero a la vez esperando que pudiéramos rescatar a mi tía”, relató.
La familia todavía pensaba que quien estaba viva era Sol la hermana de Sandra. Su hijo incluso participó en la remoción de escombros para intentar sacarla.
La situación cambió cuando los rescatistas escucharon una voz. Sandra seguía allí.
“Ahí estoy, ahí estoy”
La mujer había escuchado durante horas los trabajos de quienes intentaban abrirse paso. También sintió miedo cuando una máquina comenzó a perforar cerca de su cuerpo.
“Yo veía una pared, pero yo no sabía la magnitud de la pared que yo tenía encima”, explicó.
Cada golpe hacía que el material se desplazara y aumentara la presión sobre ella. Por eso comenzó a gritarles a quienes trabajaban sobre los restos de la vivienda que no continuaran por ese punto.
“Yo no me puedo dejar morir, tengo que gritar, que sepan que estoy acá”, recordó.
Finalmente, una máquina se detuvo cuando los rescatistas escucharon sus llamados. Comenzaron a retirar el material por otro costado y encontraron su brazo. “Ahí estoy, ahí estoy”, gritó Sandra.
Los equipos cambiaron la estrategia para evitar que una parte de la estructura cayera sobre ella. Después de aproximadamente seis horas, lograron sacarla.
La primera persona a la que vio fue al padre de su hija, quien confirmó que era ella. Para Michell, el momento fue de gran alegría al descubrir que su mamá, a quien había llorado durante horas, seguía con vida.
Las cicatrices que quedaron
Después del rescate, Sandra fue trasladada para recibir atención médica. Michell recuerda que cerca de diez personas comenzaron a atenderla y que, pese a haber permanecido varias horas atrapada, sus signos vitales respondían de manera favorable.
“Cuando estábamos en la ambulancia, cuando le pusieron la medida de la saturación, estaba saturando muy bien después de siete horas de casi no tener oxígeno”, contó su hija.
Michel considera que su mamá sobrevivió también porque logró controlar sus fuerzas y evitar hablar más de lo necesario mientras permanecía atrapada.
Pero para Sandra, salir de los escombros no significó que todo hubiera terminado. Algunas heridas quedaron en su cuerpo y otras permanecieron en su memoria.
“Hay cicatrices que se borran, como las del cuerpo. Hay otras que le quedan a uno”, dijo. Entre esas heridas está la de no haber podido hacer nada por su hermana.
“No haber podido hacer nada por Sol me duele horriblemente. No haber podido hacer nada por ella”, confesó.
Diecisiete días después del terremoto, Sandra puede contar cómo sobrevivió. También recuerda el momento en que dejó de escuchar a su hermana, el miedo de no ser encontrada y el instante en que volvió a ver la luz del día.
