“Las grietas quedaron en el corazón”: los relatos del terremoto

In Eje Cafetero
agosto 23, 2026

Una auxiliar de enfermería ayudó en el rescate de una mujer que había quedado entre los escombros. Así lo recuerda.

Laura salió a recorrer Pereira después del terremoto para ayudar donde era necesario y terminó frente a una voz que pedía auxilio bajo los escombros. Durante cuatro horas luchó junto a otras personas para encontrar a Sandra y sacarla con vida. La escena se derrumbó ante la cantidad de víctimas que encontró luego y que todavía aparecen en sus recuerdos.

Laura Bernal Londoño es auxiliar de enfermería. Después del terremoto del 10 de agosto no esperó a que la llamaran: salió con varios compañeros a recorrer diferentes sectores de la ciudad para identificar dónde podían prestar ayuda.

En uno de esos recorridos llegaron hasta una panadería que había quedado completamente destruida, cerca del sector de Invico. Entre los restos escuchó una señal que cambió el rumbo de aquella jornada.

Alguien respondió. Los rescatistas improvisados comenzaron a llamar y, entre los escombros, escucharon la voz de una mujer. Laura entendió que todavía había una oportunidad.

Cuatro horas para sacarla

La mujer se llamaba Sandra. Permanecía atrapada debajo de una gran cantidad de material y apenas podía comunicarse con quienes intentaban llegar hasta ella.

De ese momento, recuerda que uno de sus compañeros volvía a llamarla constantemente para comprobar que siguiera consciente.

Mientras escuchaba aquellas respuestas, ella solo podía pensar en una cosa. “Yo solamente rezaba porque la señora siguiera con vida.”

El rescate tomó aproximadamente cuatro horas. Durante ese tiempo, quienes estaban en el lugar tuvieron que trabajar con cuidado para evitar que los escombros provocaran una nueva emergencia.

La situación también se complicó por la cantidad de personas que se acercaban a observar y grabar lo que había ocurrido. Finalmente, con la ayuda de integrantes de Bomberos Voluntarios y Cruz Roja se completó el rescate.

“Solo recuerdo que la mujer sentía un fuerte dolor en la cadera. La acompañamos hasta Megacentro y allí recibió atención médica”, comentó.

Para la joven auxiliar de enfermería, ese momento quedó grabado como uno de los pocos desenlaces esperanzadores dentro de jornadas marcadas por la muerte y la destrucción.

Las escenas más difíciles

El rescate de Sandra no fue el único episodio que Laura tuvo que enfrentar. En los días siguientes estuvo en otros puntos de Pereira donde los equipos buscaban sobrevivientes entre las estructuras destruidas.

Uno de los lugares que más recuerda es el sector del Parque de la Libertad. Allí presenció el rescate de una persona que no tenía signos vitales.

La escena que siguió todavía permanece en su memoria. Los familiares llegaron al lugar y Laura vio el momento en que la esposa del fallecido recibió la noticia.

“Ver esa escena tan desgarradora de los familiares llorando porque lo habían encontrado, pero sin vida, es muy difícil”, recordó.

También estuvo cerca de las labores de búsqueda en el sector donde funcionaba el Hotel Dibeni, otro de los puntos golpeados por el terremoto.

Con el paso de los días, perdió la cuenta de cuántas personas vio salir de los escombros.

Algunas sobrevivieron. Otras no. Han pasado 13 días desde aquella primera jornada y Laura reconoce que todavía no consigue dormir tranquila.

El terremoto dejó grietas visibles en edificios, viviendas y establecimientos comerciales. Sin embargo, para quienes participaron en los rescates quedaron otras marcas que no aparecen en los informes de daños.

“Las grietas que nos quedaron a nosotros en el corazón y en el alma son muy difíciles de cerrar”, completó.

La ciudad que la marcó

Laura no nació en Pereira. Es de Manizales, pero llegó a esta ciudad hace aproximadamente siete u ocho años. Aquí encontró oportunidades laborales y construyó parte de su vida.

Por eso, verla después del terremoto tuvo para ella un significado distinto. Calles que antes estaban llenas de vida, aparecieron cubiertas de escombros. Edificaciones que formaban parte del paisaje cotidiano quedaron con daños graves y algunas tuvieron que ser demolidas.

Aun así, encontró otra imagen que también quiere conservar: la de cientos de personas que salieron a ayudar. “Pereira es una ciudad bastante unida”, aseguró.

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