Durante el último periodo, Risaralda pasó de reportar 170 a 525 incendios y quemas, cifra que hoy preocupan.
Más de 260 acueductos registraron problemas de desabastecimiento durante uno de los anteriores fenómenos de El Niño en Risaralda. Ese antecedente, sumado a las proyecciones climáticas para los próximos meses, mantiene en alerta a las autoridades departamentales, que ya activaron planes de contingencia para enfrentar una posible temporada prolongada de sequía.
La preocupación por el comportamiento del clima volvió a instalarse en las mesas técnicas del departamento. Lo que inicialmente parecía una transición normal hacia condiciones más secas ahora podría convertirse en un fenómeno con efectos de largo alcance sobre el abastecimiento de agua, la ocurrencia de incendios forestales y la seguridad de cientos de comunidades rurales.
Durante una intervención ante la Asamblea Departamental, la directora de Gestión del Riesgo de Risaralda, Diana Carolina Ramírez, advirtió que existen condiciones que indican la presencia del fenómeno de El Niño y que este podría fortalecerse durante el segundo semestre de 2026.
La funcionaria explicó que un comunicado oficial el pasado 11 de junio ya reportó señales asociadas a este fenómeno climático y que los análisis técnicos apuntan a un comportamiento más intenso durante los primeros meses de 2027.
Sin embargo, el dato que más llamó la atención fue otro. Según la directora, expertos del IDEAM han advertido que, dependiendo de la evolución de las condiciones atmosféricas y oceánicas, el fenómeno podría mantenerse durante todo el año 2027, generando efectos prolongados sobre el territorio.
Alerta climática
Las autoridades departamentales comenzaron los preparativos desde abril, cuando la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo emitió una circular en la que instó a los departamentos a activar sus planes de contingencia frente a un posible escenario de sequía.
Desde entonces, se han realizado reuniones con entidades operativas, organismos de socorro, empresas de servicios públicos, alcaldías y diferentes sectores productivos para actualizar protocolos y fortalecer la capacidad de respuesta.
Uno de los antecedentes que más preocupa es el aumento acelerado de incendios durante los últimos eventos asociados al fenómeno de El Niño. Mientras en el periodo 2015-2016 se reportaron 170 eventos entre incendios forestales, quemas e incendios estructurales, durante el fenómeno 2023-2024 la cifra se disparó hasta 525 casos.
La diferencia muestra la presión que las altas temperaturas y la disminución de las lluvias pueden ejercer sobre los ecosistemas y las zonas pobladas del departamento.
Otro aspecto que genera especial preocupación es el acceso al agua. Según la información presentada por la Dirección de Gestión del Riesgo, 268 acueductos reportaron problemas de abastecimiento durante el fenómeno de El Niño de 2015-2016 y afectó principalmente a comunidades rurales.
Por esta razón, la Gobernación adelanta evaluaciones técnicas en municipios como Apía, Quinchía, Guática y Marsella para identificar acueductos vulnerables y diseñar estrategias de prevención antes de que las condiciones climáticas se agraven.
Preparativos
Frente a este panorama, el departamento ha fortalecido su capacidad logística para responder a posibles emergencias relacionadas con la escasez de agua.
De acuerdo con la directora, Risaralda cuenta actualmente con 13 vehículos cisterna, tres carrotanques, dos volquetas, seis vehículos de intervención rápida y tres unidades de rescate, recursos que permitirían atender tanto emergencias locales como apoyar a departamentos vecinos en caso de ser necesario.
Además, se desarrollan capacitaciones sobre monitoreo satelital para la detección temprana de incendios forestales, así como jornadas de educación comunitaria enfocadas en el ahorro del agua y la prevención de riesgos asociados a las altas temperaturas.
Para las autoridades, el reto es grande. Aunque el departamento fortaleció sus capacidades de respuesta, el comportamiento del clima durante los próximos meses será determinante para establecer la magnitud real del fenómeno y sus posibles impactos sobre la población.
