Alta competencia y falta de capital obligan a medianas y pequeñas empresas a operar con informalidad, dice economista.
La informalidad permite generar ingresos, pero no mejora la calidad de vida. Así lo advierte el economista Jonier Cardona Salazar, al analizar el comportamiento reciente del mercado laboral en Pereira, donde la reducción del desempleo contrasta con un aumento sostenido del trabajo informal.
De acuerdo con cifras del DANE, la tasa de desocupación en Pereira y su área metropolitana ha mostrado descensos en los últimos trimestres. Sin embargo, a juicio de Cardona, ese comportamiento, lejos de reflejar una mejora estructural del empleo, impulsa el crecimiento del trabajo por cuenta propia y el llamado “rebusque”.
“El problema es que no todo ocupado está empleado”, explica Cardona. La medición oficial incluye tanto a trabajadores formales como informales, lo que, en la práctica, permite reducir la tasa de desempleo sin que necesariamente se generen empleos con estabilidad, prestaciones o garantías laborales.
Aparato productivo de supervivencia
El análisis apunta a un problema estructural: la composición del tejido empresarial. Más del 96 % de las empresas en Pereira son micro, pequeñas y medianas, y cerca del 80 % operan bajo condiciones de supervivencia.
Se trata de negocios con bajo capital, alta competencia y escasa capacidad financiera, que enfrentan dificultades para sostenerse en el mercado. En ese contexto, la informalidad se convierte en una estrategia para reducir costos laborales y mantenerse activos.
“La gente sale a rebuscarse para sobrevivir, no para desarrollarse”, advierte Cardona, quien insiste en que la ciudad muestra dinamismo económico, pero no necesariamente desarrollo.
Informalidad gana terreno
Las cifras respaldan esa tendencia. Pereira registró un aumento reciente en la informalidad laboral, con incrementos cercanos a cuatro puntos porcentuales en un trimestre y de 1,3 puntos en la medición más reciente, ubicándose entre las ciudades con mayor crecimiento en este indicador.
El resultado es una paradoja: baja el desempleo, pero crece el empleo precario. Para el economista, este fenómeno evidencia que la política pública ha priorizado la reducción de la tasa de desocupación sin abordar la calidad del empleo generado.
Críticas a las políticas laborales
Cardona cuestionó las medidas basadas en decretos generales, al considerar que desconocen la realidad del aparato productivo colombiano, compuesto en su mayoría por mipymes.
“No se puede legislar como si el país estuviera lleno de grandes empresas”, sostiene. A su juicio, este tipo de decisiones terminan siendo insuficientes o inaplicables en contextos donde las empresas apenas logran sostener su operación.
También lanza reparos a estrategias como las ferias de empleo, que si bien facilitan el contacto entre empleadores y trabajadores, no garantizan vinculación formal.
El reto de fondo
El economista plantea que el verdadero desafío no es mostrar cifras bajas de desempleo, sino transformar la estructura productiva para hacer viables a las empresas en un entorno competitivo.
También propone revisar herramientas como el impuesto de industria y comercio para aliviar cargas a microempresarios, siempre con mecanismos de control que garanticen mejoras reales en las condiciones laborales.
Mientras tanto, advierte, Pereira seguirá mostrando una economía activa, pero sostenida en gran medida por la informalidad, donde trabajar no necesariamente significa salir de la precariedad.
