¿La guerra del tusi? El problema silencioso que desangra a Pereira y Dosquebradas

In Judicial
junio 05, 2025

Este año van 2.769 dosis incautadas y 158 personas vinculadas a procesos judiciales por producir, distribuir o expender la droga.

Un polvo rosado, brillante y, a primera vista, inofensivo. Esa es la imagen superficial del Tusi, también conocido como “cocaína rosada”, la droga sintética que hoy dinamita las estructuras sociales y desata una silenciosa, pero brutal guerra en las calles de Pereira y Dosquebradas.

Muchos la consumen, pero pocos saben que su composición real es una mezcla letal de ketamina veterinaria, cocaína, anfetaminas, clonazepam y colorantes. Un cóctel tóxico que carcome a quien lo consume y que alimenta una cadena criminal que deja una estela de sangre.

Aunque los números podrían no parecer alarmantes en comparación con otras regiones del país, la Policía Metropolitana de Pereira este año ha logrado incautar 2.769 dosis de 2CB (tusi) y ha capturado a 158 personas vinculadas con su producción, distribución o expendio.

“Aunque el año pasado incautamos más dosis (3.340), en 2025 el impacto operacional ha sido mayor por la complejidad del fenómeno y su relación con la violencia”, explicó en una conversación con 360 Noticias el teniente coronel Óscar Ochoa, subcomandante de la Policía Metropolitana.

Cadena criminal bien estructurada

La expansión del tusi no sería posible sin una maquinaria delictiva organizada. La Policía ha identificado al menos 28 “chazas”, pequeñas estructuras clandestinas que no sólo fabrican su propia versión de la droga, sino que además la comercializan bajo marcas reconocidas entre los consumidores locales.

Estas bandas operan con roles claramente definidos: cocineros, distribuidores, domiciliarios, hackers encargados del monitoreo remoto de ventas, incluso hasta con códigos QR para verificar pagos; y los llamados “ruleteros”, quienes controlan presencialmente el cumplimiento de cuotas impuestas a cada punto de venta.

“Hay un fuerte componente sicarial que protege las rutas y elimina amenazas”, Señaló Ochoa. Es esa, precisamente, una de las razones por las que la lucha por el tusi se ha traducido en una escalada de homicidios.

Sólo en lo que va del 2025, Pereira presenta 101 homicidios, una cifra que supera en más de un 100 % el registro del mismo periodo en 2024, cuando se habían reportado un poco más de 43 asesinatos. De estos crímenes, la mayoría están directamente relacionados con disputas territoriales y ajustes de cuentas entre grupos delincuenciales por el control del microtráfico.

En Dosquebradas, la situación también es crítica: 36 asesinatos en lo corrido del año, frente a los más de 15 homicidios registrados en el mismo periodo de 2024. En total, el Área Metropolitana ha acumulado 137 muertes violentas.

Guerra desde prisión

En medio de esta guerra silenciosa, dos nombres resuenan con fuerza entre los círculos de inteligencia policial: alias ‘Lalo’, un disidente de la estructura criminal ‘Cordillera’ que, a pesar de estar recluido en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, habría encendido la guerra que hoy sacude al Área Metropolitana.

Lalo, cuyo nombre real es Andrés Londoño Giraldo, no es un eslabón menor: fue uno de los principales coordinadores del tráfico de tusi en Pereira, con contactos directos en Medellín y Bogotá.

Tras su captura, continuó sus acciones delictivas desde la cárcel con la ayuda de emisarios y líneas clandestinas. Pero su ambición lo llevó a romper lazos con la cúpula de La Cordillera, a quienes se negó a rendir cuentas por las rentas ilegales generadas desde el patio del penal.

Su rebeldía no sólo fracturó el delicado equilibrio interno de la organización, sino que desató una brutal ofensiva por parte de los “fieles al mando”. En respuesta, Cordillera activó su brazo sicarial bajo las órdenes de alias ‘Juangui’.

Juan Guillermo Rave o ‘Juangui’ es conocido por liderar ejecuciones selectivas y acciones de limpieza interna. La retaliación fue implacable: varias muertes en serie en sectores como Cuba, Villasantana y el centro de Pereira se atribuyen a esta pugna intestina.

“No es sólo una guerra por droga, es una guerra por poder, por jerarquía criminal”, advierte el coronel Ochoa. A pesar de estar tras las rejas, Lalo ha logrado mantener influencia en estructuras criminales aliadas en Medellín, el norte del Valle y algunos barrios de Dosquebradas, según documentos de inteligencia.

Más que territorio

Cordillera busca recuperar su hegemonía sobre todas las economías ilegales del área metropolitana, especialmente el tusi, la marihuana tipo creepy y el bazuco. La organización ha sido clara en su mensaje: o se subordinan o enfrentan las consecuencias.

Uno de los puntos más alarmantes de esta nueva etapa es la evolución operativa de la estructura, que no sólo se recurre a la violencia, sino a métodos financieros para controlar las plazas, exigir “vacunas” y lavar dinero mediante fachadas como bares, barberías y vehículos de transporte a través de plataformas.

Droga disfrazada de fiesta

El tusi encontró su mayor mercado en jóvenes de estratos medio-altos que lo consumen en discotecas, fiestas privadas y entornos universitarios. Su presentación colorida y su supuesta “limpieza” lo han convertido en un símbolo de estatus entre algunos sectores.

Lo que algunos desconocen es que su toxicidad es incuestionable. Se trata de una mezcla farmacéutica adulterada que puede incluir tranquilizantes, estimulantes, ansiolíticos y químicos de baja calidad.

Los efectos reportados por los consumidores van desde alucinaciones, ataques de pánico y episodios de violencia hasta trastornos mentales graves como esquizofrenia. En algunos casos, se ha documentado pérdida de la conciencia y desórdenes sensoriales prolongados.

Negocio que deja millones

Las autoridades calculan que una estructura criminal que logre controlar la producción y el mercado del tusi en el Eje Cafetero puede generar ingresos mensuales superiores a los 2 mil millones de pesos.

La rentabilidad del negocio, sumada al bajo costo de producción y la demanda creciente, ha hecho que incluso bandas barriales entren en la puja por sostener puntos de expendio, especialmente en barrios subnormales.

¿Está perdida la batalla?

Desde la Policía se insiste en que aún hay margen de maniobra para contener la expansión de esta droga, pero admiten que la solución no es sólo operativa.

“Se requiere una intervención integral que incluya restricciones efectivas a los medicamentos usados como insumos, una estrategia fuerte de prevención en colegios y universidades, así como sanciones ejemplares a establecimientos que faciliten el consumo”, señaló el Teniente Coronel.

¿La lucha? Quitarle a esta sustancia el disfraz de moda. Contar la verdad, mostrar los efectos, educar, y no permitir que los jóvenes vean las drogas como un juego o una forma de pertenecer es quizá la mejor estrategia.

Mientras, las autoridades continúan con el trabajo para identificar y desmantelar laboratorios, capturar cabecillas y mantener a raya a los expendedores.

Ofensiva policial

En medio de la tensión por la disputa criminal que se libra en las calles, la Policía Metropolitana de Pereira desplegó una ofensiva sin tregua, que en lo corrido del 2025 ha permitido incautar 163 armas de fuego, un 42% más que en el mismo periodo del año anterior.

Sólo en los últimos días, 11 de estas armas fueron retiradas de circulación en menos de 24 horas, reflejo de una acción táctica que busca cortar el suministro de herramientas letales en una guerra que suma 137 homicidios en el área metropolitana.

Estas cifras son más que una estadística, son vidas potencialmente salvadas y un paso firme hacia la recuperación del control territorial por parte del Estado“, agregó el coronel Ochoa.

A esta estrategia de contención se suma el fortalecimiento de la capacidad judicial. En lo que va del año se han realizado 1.591 capturas en flagrancia, lo que representa un aumento del 11% respecto al 2024, además de un total de 1.823 detenciones por distintos delitos en el área metropolitana.

Las incautaciones de sustancias sintéticas también han mostrado un repunte alarmante: más de 6.200 unidades de éxtasis fueron decomisadas, lo que supone un crecimiento del 112%, y se han recuperado mercancías valoradas en más de 30 mil millones de pesos.

“Cada captura es una cadena rota en las redes de microtráfico y sicariato que alimentan el negocio del tusi”, explicó el oficial.

En 2025, Pereira y Dosquebradas han visto una reducción sostenida de los hurtos en todas sus modalidades: -40% en hurto a personas, -45% en celulares, -54% en motocicletas. Además, se han impuesto más de 14 mil comparendos por comportamientos contrarios a la convivencia, entre ellos 7.680 por porte de armas blancas y 2.791 por consumo de sustancias en zonas escolares o deportivas.