La guerra del tusi: ¿Por qué hay tantas muertes entre Pereira y Dosquebradas?

In Judicial
marzo 20, 2025

Desde octubre de 2024 hasta marzo de 2025, los municipios del área metropolitana: Pereira y Dosquebradas se convirtieron en escenario de una violenta lucha que, a la fecha, cobró la vida de más de 100 personas, la mayoría jóvenes que no pasan de los 27 años.

El conflicto está relacionado con el tráfico de drogas. Pero hoy, enfrenta a grupos rebeldes contra la estructura criminal Cordillera, la organización que domina el negocio ilícito en Risaralda y el Eje Cafetero.

360 Noticias pudo acceder a informes de inteligencia, testimonios oficiales y de personas que alguna vez estuvieron ligadas a este negocio, quienes aseguran que detrás de la guerra, está el control del tráfico de tusi, “una droga sintética rentable y difícil de controlar”.

Esta sustancia, también conocida como 2CB, tusi o cocaína rosada, es una mezcla de ketamina, MDMA (éxtasis) y otros componentes que pueden incluir LSD, mescalina, cafeína o fentanilo. “Todo depende del cheff”.

¿Quién inició el negocio?

Un informante anónimo dijo que esta sustancia llegó a Pereira de la mano de Alejo Tusi, quien aprendió la fórmula original y luego la vendió. Posteriormente, Calvin aprendió los secretos de la fabricación.

Aunque, a este último, José Felipe Quintero Trujillo, lo ejecutaron en diciembre de 2022, en el barrio La Churria junto a su novia, mientras se encontraban dentro de un vehículo Mercedes Benz.   

Desde ese momento, la producción y distribución evolucionó, al punto que varias bandas ya conocen todo sobre esta droga. Hacerla, supuestamente es sencillo, debido a que no se necesitan laboratorios ni cultivos específicos.

Y es que hasta las autoridades saben que “cualquiera puede hacer tusi en su casa si tiene los ingredientes”, lo que lo convierte en una amenaza para los narcotraficantes tradicionales.

La rentabilidad

El mercado de esta droga es altamente lucrativo, debido a que un gramo puede costar entre 30 mil y 120 mil pesos, dependiendo de la calidad y la pureza. Pero además, el costo de producción es bajo en comparación con el precio de venta y deja grandes ganancias.

Por ejemplo, fabricar 20 gramos cuesta aproximadamente 350 mil pesos, pero puede venderse por un millón de pesos o más, situación que anima a pequeños grupos delictivos a intentar quedarse con parte del negocio.

Según, Cordillera no está dispuesta a ceder terreno. Esta estructura impone su dominio sobre la distribución de drogas en Pereira y municipios aledaños, pero pequeñas bandas hoy desafían su hegemonía.

Los rebeldes no quieren copiarle a Cordillera, y eso los convierte en objetivos”, una teoría en la que coinciden oficiales y excolaboradores de estos grupos.

Supuestamente, el conflicto comenzó hace años con la disputa por la venta de marihuana cripy, pero hoy se extiende a todas las sustancias ilícitas y el tusi es el principal foco de la guerra.

“Están matando a los jíbaros sin distinción, cualquier vendedor que no haga parte de Cordillera es ejecutado. Pero si eres de cordillera, te conviertes en objetivo de los rebeldes. Es algo muy complicado”, comentó una fuente de inteligencia policial.

Fentanilo y heroína

A pesar de la creciente presencia del fentanilo en el narcotráfico global, en Pereira su consumo está estrictamente prohibido por los líderes del crimen organizado. “Cordillera no lo permite, aunque haya gente que lo usa”, dijo el informante.

En contraste, la heroína sí tiene un fuerte mercado en la región, especialmente en Dosquebradas, donde barrios como Guadualito y La Soledad son conocidos por ser centros de distribución.

Históricamente, el control de la heroína ha estado en manos de dos hermanos, quienes aún mantienen su influencia incluso desde la cárcel o fuera del país.

Su dominio no forma parte de la estructura de Cordillera, pero ha sabido coexistir con ella, a diferencia de las bandas emergentes que desafían su autoridad.

Las cifras de muertes relacionadas con esta guerra sigue en aumento, y las autoridades aún no encuentran la fórmula para frenar la ola de homicidios.

Tal parece, que la guerra del tusi convirtió a Pereira en un campo de batalla donde las disputas por el control del narcotráfico se traducen en ajustes de cuentas y asesinatos selectivos.