Trece días después del terremoto de magnitud 7.4 que azotó a Pereira, un joven paramédico de 22 años relató la terrible experiencia.
Santiago Castaño Vélez entró a edificios destruidos, atendió heridos y ayudó a retirar cuerpos entre toneladas de escombros. En Cuba encontró a tres integrantes de una misma familia sin vida, una escena que, junto con los gritos de los sobrevivientes y las pertenencias atrapadas bajo las ruinas, todavía aparece en sus pensamientos cuando intenta dormir.
Tiene apenas 22 años, pero trabaja como paramédico. Durante las primeras horas de la emergencia recibió pacientes heridos. Su primera misión consistió en ayudar a las personas que llegaban hasta los puntos de atención después del movimiento telúrico.
La situación cambió rápidamente en la primera media hora. Las edificaciones colapsadas concentraron los mayores esfuerzos de los equipos de emergencia y Santiago decidió sumarse a las labores de búsqueda.
“Yo creo que lo que más recuerdo es tener la esperanza de sacar las personas con vida”, contó. Esa expectativa lo acompañó durante las primeras jornadas. Cada ruido entre los restos de una vivienda podía significar que alguien esperaba por ayuda debajo de los bloques de concreto. Pero las escenas que encontraron también mostraron la dimensión de la tragedia.
Tres integrantes de una familia murieron
Uno de los episodios que más recuerda ocurrió en el sector de Cuba, donde participó en la extracción de tres personas de una misma familia.
El equipo encontró a dos adultas mayores y una joven entre los restos de la vivienda. Cuando los rescatistas lograron acceder hasta ellas, “ya no tenían signos vitales”, dijo.
Santiago recuerda especialmente el momento en que tuvieron que retirar los cuerpos mientras buscaban entre los restos cualquier señal de vida. Sus rostros y las expresiones aún lo acompañan. “Fue muy drástico ayudar a sacar esas familias”, explicó.
La escena no terminó cuando abandonó el lugar. Las pertenencias de las víctimas también quedaron entre los escombros y, para quienes participaron en la búsqueda, cada objeto encontrado servía como evidencia de una vida que había quedado destruida en cuestión de segundos.
Durante esos días, Santiago y sus compañeros apenas descansaban. Dormían una o dos horas y regresaban a los puntos críticos porque sentían que todavía había personas esperando ayuda. “Yo solo quería trabajar”, agregó.
Durante los primeros tres o cuatro días, el joven asegura que permaneció concentrado en una sola tarea: ayudar. No sentía sueño ni hambre. Tampoco encontraba espacio para procesar lo que estaba viendo en las calles de Pereira.
La realidad comenzó a alcanzarlo cuando llegaron las donaciones destinadas a los niños afectados por el terremoto. Entre los elementos recibieron regalos enviados desde Medellín. Había peluches y cartas escritas por otros niños.
Aquellos mensajes terminaron por romper la barrera que Santiago había construido durante las jornadas de rescate. Los menores que enviaron los obsequios explicaban que entregaban algunos de sus objetos más preciados porque sabían que otros menores habían perdido sus casas y sus pertenencias.
“Ahí fue donde como que yo aterricé”, relató el paramédico. Después de varios días entre ruinas, cuerpos y personas que buscaban a sus familiares, esas palabras infantiles le hicieron dimensionar lo ocurrido.
Las imágenes que no olvida
Han pasado trece días desde el terremoto, pero Santiago todavía enfrenta las consecuencias de lo que vio. Intentar dormir no resulta sencillo. Cuando cierra los ojos aparecen nuevamente las escenas de los rescates y la esperanza que acompañaba cada búsqueda.
“Uno todavía tiene los pensamientos y esas imágenes”, señaló. El paramédico también habla de otra consecuencia que le duele especialmente: las personas que perdieron sus fuentes de ingresos.
Para él, la tragedia no terminó con el retiro de los escombros. Pereira quedó con familias sin vivienda, trabajadores sin empleo y sectores enteros que deberán reconstruir sus vidas.
Santiago nació y creció en Pereira. Por eso, recorrer ahora las calles que conoció durante toda su vida tiene un significado distinto. Le resulta difícil aceptar que una fuerza natural pudiera destruir en pocos segundos viviendas, negocios y espacios que la comunidad había construido durante años.
“Es muy triste y desgarrador uno ver que en este momento mucha gente se está quedando sin empleo”, afirmó.
Reconoce que tuvo suerte de encontrar con vida a los pacientes que atendió durante las primeras horas. Sin embargo, la diferencia entre llegar a tiempo o encontrar una víctima sin signos vitales quedó grabada en quienes estuvieron en primera línea.
