Voluntarios aseguran que algunas decisiones pudieron limitar las posibilidades de encontrar sobrevivientes en edificios colapsados.
Luis Guzmán todavía carga con una pregunta después de pasar días entre edificios destruidos: ¿se pudieron salvar más vidas? El líder de una red de voluntarios asegura que encontró obstáculos durante los intentos de salvar vidas y cuestiona la coordinación de algunas labores de búsqueda.
Guzmán tiene 40 años, es auxiliar de enfermería y nació en Pereira. Cuando ocurrió el terremoto salió a las calles junto con otros ciudadanos que querían ayudar y terminó liderando una red que reunió a personas con diferentes conocimientos y oficios para apoyar las labores de emergencia.
La red VLK surgió como un mecanismo de apoyo para los equipos que trabajaban en los puntos más afectados. Según Guzmán, alrededor de 40 personas llegaron a integrarla en distintos momentos, entre médicos, enfermeros, auxiliares de enfermería, trabajadores de construcción, personas dedicadas a la cocina y ciudadanos que simplemente querían aportar.
Algunos llegaron sin conocerse previamente. Otros abandonaron durante varios días sus actividades habituales para ponerse a disposición de quienes necesitaban ayuda. Incluso, cuenta Guzmán, dos personas viajaron desde Medellín para sumarse espontáneamente al grupo.
La organización montó un campamento con carpas, alimentos, hidratación y herramientas para quienes participaban en los rescates. Desde allí también apoyaron la logística y facilitaron elementos a personas que llegaban a colaborar.
Guzmán insiste en que el propósito nunca fue competir con Bomberos, Defensa Civil, Policía u otros organismos. Su intención, sostiene, era convertirse en un respaldo para quienes estaban en primera línea.
“Nosotros no somos topos”
Uno de los puntos que más le preocupa a Guzmán es la manera como algunos voluntarios fueron identificados durante la emergencia. “Nosotros no somos topos”, afirma.
El líder de VLK explica que esa denominación no corresponde al nombre de su organización ni a la forma como ellos se identifican. Según relata, el campamento terminó recibiendo a diferentes personas porque allí encontraron comida, agua, carpas y herramientas.
También asegura que nunca tuvieron problemas en compartir esos recursos con otros grupos que participaban en las labores.
La aclaración la hizo porque, durante la emergencia, surgieron tensiones entre voluntarios y organismos oficiales por el ingreso de personas no pertenecientes a los equipos institucionales a las zonas de búsqueda. En Pereira también se registraron cuestionamientos alrededor del uso de maquinaria pesada en estructuras colapsadas.
Guzmán sostiene que los voluntarios no buscaban reconocimiento. Querían ayudar.
“Pudimos haber salvado muchas vidas”
El cuestionamiento más fuerte aparece cuando recuerda las operaciones en diferentes edificios de Pereira.
Guzmán estuvo en sectores como la Plaza de Bolívar, el Parque de la Libertad y el Hotel Dibeni, donde los equipos buscaban personas atrapadas bajo toneladas de material.
Según su relato, en algunos momentos faltó una coordinación más clara entre quienes tenían experiencia, los organismos oficiales y quienes llegaban como primeros respondientes.
Su inconformidad no es para desconocer el trabajo de los cuerpos de socorro. Por el contrario, asegura que respeta a Bomberos y Defensa Civil, pero considera que los ciudadanos capacitados o con disposición para ayudar pudieron recibir más orientación.
“Si a nosotros las personas que tienen más experiencia nos guían, créame que hemos salvado muchas vidas y más de las que se imaginaron”, dijo.
La familia que sacaron de un piso 17
Uno de los episodios que Guzmán recuerda ocurrió durante las primeras horas de la emergencia.
Con orientación de un integrante de la Defensa Civil, ayudó a evacuar a dos mujeres y un hombre que permanecían en un piso 17 de un edificio.
Para él, ese momento demostró que los voluntarios podían aportar cuando recibían instrucciones claras.
Guzmán se define como primer respondiente y explica que actualmente trabaja para obtener una formación más avanzada que le permita ampliar sus capacidades.
Guzmán nació en Pereira y durante cuatro décadas construyó su vida en esta ciudad. Ahora dice que le cuesta reconocerla.
No puede caminar por el centro como antes. Ya no puede sentarse a tomar un café en los lugares que frecuentaba ni encontrar algunos de los espacios que formaban parte de su cotidianidad.
También recuerda a quienes acudían a sitios tradicionales de la ciudad simplemente para pasar el rato. Ahora encuentra silencio, estructuras destruidas y calles que cambiaron después del terremoto. Pero hay otra imagen que le resulta todavía más difícil. La de los cuerpos que salían de los escombros.
