El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que, históricamente, se esperan alrededor de 16 grandes terremotos por año.
Venezuela, Japón, Filipinas, México y Colombia han registrado fuertes sismo durante 2026, una sucesión que ha despertado preocupación en distintos países. Pero los registros históricos del Servicio Geológico muestran que la actividad sísmica mundial presenta variaciones importantes de un año a otro y que, por ahora, la cantidad de grandes movimientos no demuestra que la Tierra haya entrado en una etapa excepcional de actividad.
El terremoto que golpeó a Colombia el pasado 10 de agosto volvió a despertar interés sobre una pregunta que ya circulaba después de los fuertes sismos registrados este año en otras partes del mundo: ¿están ocurriendo demasiados fenómenos de este tipo a una gran magnitud y a una gran escala?
Todo esto una explicación. Durante 2026 se han registrado grandes movimientos en diferentes regiones sísmicamente activas, entre ellas Venezuela, Japón, Filipinas y otros sectores del cinturón sísmico del Pacífico. La cercanía temporal de algunos de estos eventos hace que parezcan parte de una misma cadena, aunque eso no significa que exista una conexión directa entre ellos.
Los datos del USGS permiten poner esa percepción en contexto. Su estadística mundial señala que, desde aproximadamente 1900, el planeta registra en promedio unos 16 grandes terremotos cada año: cerca de 15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior. El organismo advierte, además, que en las últimas cuatro o cinco décadas ese promedio se ha superado aproximadamente una docena de veces.
Es decir, un año con muchos terremotos fuertes no es necesariamente una señal de que la actividad sísmica mundial esté cambiando de manera permanente.
Veinte años
Cuando se amplía la mirada y se comparan los registros de las últimas dos décadas, aparecen años con cantidades muy diferentes de grandes terremotos.
El USGS mantiene estadísticas mundiales de movimientos y sus registros muestran fluctuaciones considerables: algunos años estuvieron por debajo del promedio y otros lo superaron ampliamente. El organismo reportó, por ejemplo, 19 sismos de magnitud 7 o superior en 2013, mientras que 2014 tuvo 12, una de las cifras anuales más bajas de ese período.
Esto es fundamental para entender lo que ocurre en 2026: una concentración de temblores fuertes durante determinados meses puede ser llamativa sin que necesariamente represente una anomalía mundial.
Además, el número de terremotos no es el único elemento que determina su impacto. La magnitud, la profundidad, la distancia a zonas pobladas, la calidad de las construcciones y la posibilidad de que se produzcan tsunamis o deslizamientos determinan en buena medida las consecuencias.
¿Están conectados?
La sucesión de eventos en distintos países puede generar la impresión de que un gran sismo provoca otro al otro lado del planeta. Sin embargo, no existe evidencia que permita afirmar que los terremotos de Venezuela, Colombia, Japón o Filipinas formen una cadena mundial.
La explicación está en la estructura misma del planeta. La mayor parte de los grandes sismos ocurre cerca de los límites de las placas tectónicas, donde enormes bloques de la corteza terrestre interactúan y acumulan esfuerzos. El USGS identifica, por ejemplo, el entorno de la placa del Pacífico, el llamado Cinturón de Fuego, como una de las regiones más activas del mundo.
Un terremoto sí puede generar réplicas y modificar temporalmente los esfuerzos en las fallas cercanas. De hecho, el USGS explica que después de un gran movimiento sísmico normalmente se produce una secuencia de réplicas cuya frecuencia tiende a disminuir con el tiempo.
Pero ese fenómeno es principalmente local o regional y no significa que un temblor en un continente esté desencadenando automáticamente otros grandes terremotos en países situados a miles de kilómetros.
Por eso, la pregunta más importante no es solamente cuántas veces se ha movido la Tierra este año, sino si la cantidad de grandes terremotos de 2026 está realmente fuera de los patrones históricos.
Hasta ahora, los datos disponibles no permiten afirmar que exista una nueva etapa de actividad sísmica mundial.
Lo que sí existe es una sucesión de terremotos fuertes que, por su magnitud, ubicación y consecuencias, ha captado la atención internacional. Y mientras 2026 todavía está en curso, será necesario esperar al cierre del año para determinar dónde termina realmente en comparación con las dos décadas anteriores.
