Cada vez más jóvenes consultan por ansiedad y depresión en Risaralda

In Salud
junio 01, 2026

La presión por ser perfectos, el impacto de redes sociales y el miedo al juicio retrasan consultas oportunas entre universitarios.

En salones de clase, habitaciones cerradas y pasillos universitarios, cada vez más adolescentes y jóvenes de Risaralda enfrentan crisis emocionales silenciosas que terminan por estallar cuando ya afectan el sueño, el rendimiento académico, las relaciones familiares o la vida social. Especialistas advierten que muchos buscan ayuda sólo cuando el malestar se vuelve difícil de manejar.

La alerta la plantea Juliana López, psiquiatra de niños y adolescentes que trabaja en el Instituto del Sistema Nervioso de Risaralda, quien asegura que las consultas por ansiedad, depresión y síntomas severos de estrés aumentan de manera sostenida entre jóvenes y universitarios del departamento.

La especialista afirma que uno de los aspectos que más preocupa es que muchos pacientes llegan a consulta en estados emocionales avanzados, luego de esperar demasiado tiempo para pedir ayuda. Según explica, los cuadros ya no suelen ser leves ni transitorios, sino crisis intensas que afectan distintas áreas de la vida cotidiana.

En este escenario, López considera que la pandemia marcó un punto de quiebre importante en la salud mental juvenil, especialmente por los efectos de la desconexión social, el aislamiento y las cargas emocionales acumuladas durante y después de ese periodo.

Entre presión académica y redes sociales

Para la psiquiatra, el problema no responde a una única causa. En consulta, asegura, se repite una combinación de factores que terminan acumulándose con el tiempo. La presión académica aparece entre los detonantes más frecuentes, especialmente en jóvenes que sienten que deben cumplir estándares permanentes de éxito, productividad y perfección.

A esto se suma el efecto de las redes sociales, un espacio donde, según la especialista, las comparaciones constantes pueden afectar profundamente la autoestima. La exposición permanente a modelos de éxito, apariencia o estilos de vida idealizados incrementaría sentimientos de frustración, insuficiencia o ansiedad.

Pero el entorno también pesa. López menciona que la disfunción familiar, la violencia, las relaciones sentimentales conflictivas y el consumo de sustancias psicoactivas aparecen con frecuencia en los relatos de jóvenes que consultan. En casos, el malestar emocional no surge por un solo hecho, sino por una acumulación de situaciones difíciles enfrentadas durante meses o años.

“Rara vez hay una sola causa”, explica la especialista, al advertir que muchos adolescentes y universitarios cargan en silencio conflictos emocionales prolongados, hasta que estos terminan haciéndose evidentes en el comportamiento o en el deterioro de distintas áreas de su vida.

Señales que no deberían ignorarse

El aislamiento social es, según la especialista, una de las señales más importantes. “Cuando un joven deja de compartir con amigos, se encierra o pierde interés en actividades que antes disfrutaba, puede estar ocurriendo algo más profundo“, explicó.

También alerta sobre cambios relacionados con el sueño y el desempeño diario. El insomnio, dormir en exceso, la irritabilidad, el bajo rendimiento académico y la pérdida de interés por actividades cotidianas son algunos signos que padres, cuidadores y docentes deberían observar con atención.

La especialista insiste en que una de las claves es preguntar y escuchar, en lugar de esperar que los adolescentes expresen espontáneamente lo que sienten. A su juicio, muchas veces el sufrimiento emocional se mantiene oculto porque los jóvenes temen ser juzgados o incomprendidos.

A esto se suma una barrera cultural persistente: el estigma. Según López, todavía existe la idea equivocada de que acudir al psiquiatra es una señal de debilidad o algo reservado para personas “locas”, percepción que retrasa el acceso oportuno a apoyo profesional.

Ese temor también puede estar presente en las familias. La psiquiatra asegura que algunos padres sienten miedo a ser señalados, a enfrentar problemas familiares o incluso a escenarios como medicación u hospitalización, factores que pueden retrasar decisiones de acompañamiento.

Peligro de complicación

Las consecuencias de no actuar a tiempo, advierte la especialista, pueden extenderse a distintas dimensiones de la vida. La ansiedad y la depresión no tratadas tienden a complicarse y afectar el desempeño académico, las relaciones personales y el bienestar emocional, además de aumentar el riesgo de consumo problemático de sustancias y otras conductas de alto impacto.

Por eso, el llamado, dice, es a actuar temprano. Reconocer que algo no está bien y buscar ayuda no representa debilidad, sino una decisión de cuidado y acompañamiento oportuno, especialmente en una etapa de la vida marcada por presiones emocionales, académicas y sociales.

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