Lo enviaron a la cárcel: casi mata a su excompañera sentimental

In Eje Cafetero, Judicial
noviembre 10, 2025

En medio de un ataque incomprensible, le roció thinner a la mujer y amenazó con incendiar el lugar para morir juntos.

El brutal ataque duró casi 20 minutos. Eran las 07:35 de la mañana del sábado 8 de noviembre cuando Ángela María abrió la ferretería donde trabaja, en el barrio Cuba de Pereira. Dijo que su excompañero sentimental, John Arley Rodríguez Almonacid, llegó minutos después con el rostro desencajado, la mirada desbordada de ira y un tono de voz que le avisó lo que se venía.

Parecía un día normal, pero en segundos todo cambió. Cuando apareció el hombre con el que había compartido diecisiete años de relación, no dejó de recordar que la última década había estado marcada por los celos, los insultos y los golpes.

Según el testimonio de la víctima, Jhon Arley cerró la puerta del local con fuerza y, mientras la mujer intentaba retroceder, le dijo que ese día ninguno de los dos saldría con vida. Lo que ocurrió en los siguientes veinte minutos fue un verdadero infierno.

Pensó que se iba a morir

En el expediente judicial, la narración de la víctima dice que el hombre comenzó a golpearla sin decirle nada. Le propinó varios puños en la cara, patadas en el abdomen y la arrojó contra una estantería.

Cuando ella intentaba levantarse, la sujetaba del cabello y la hacía caer de nuevo al piso. La golpeó con las rodillas y la cabeza, y en repetidas ocasiones trató de estrangularla. El nivel de violencia fue tan extremo que varios objetos del local terminaron destrozados.

Entre la confusión, Ángela alcanzó a pedirle que se detuviera. Le recordó que tenían hijas, que pensara en ellas. Pero el hombre, según relató la víctima, respondía con más furia y repetía que no le importaba nada, que prefería verla muerta antes que con otra persona.

Cómo sobrevivió

Todo se puso más violento. Rodríguez tomó un envase de thinner, lo destapó y comenzó a rociarlo sobre el cuerpo de la mujer y en el piso del local. Mientras lo hacía, le gritó que allí morirían los dos, quemados, para que nadie más pudiera separarlos.

Ella, consciente del peligro, trató de calmarlo, de mantenerlo hablando para ganar tiempo. Le dijo que todo se podía arreglar, que se sentara, que se tranquilizara. Era una estrategia desesperada para evitar que encendiera el fuego.

Por un instante pensó que podía lograrlo, pero su agresor seguía moviéndose de un lado a otro, con los ojos poseídos por el odio y la respiración agitada. En sus manos tenía dos botellas vacías que usaba como amenaza mientras insistía en que se mataría junto a ella.

El ataque solo se interrumpió cuando un vecino del local escuchó los gritos y decidió intervenir. Al acercarse, intentó abrir la puerta y se encontró con la escena: la mujer en el suelo, ensangrentada, y Rodríguez a pocos pasos.

El vecino empujó la puerta y forcejeó para entrar, pero el agresor trató de cerrarla de nuevo. En ese momento, el hombre corrió a pedir ayuda. Minutos después, una patrulla de la Policía Metropolitana de Pereira llegó al sitio y logró reducirlo. Lo capturaron en flagrancia.

Las lesiones narraron la historia

Ángela, con el rostro cubierto de sangre, tuvo que ser trasladada al hospital San Jorge, donde recibió atención de urgencias. Los médicos diagnosticaron múltiples hematomas en cabeza, tórax, abdomen y extremidades, además de laceraciones en el rostro y un fuerte dolor en la reja costal izquierda.

En la historia clínica dice que presentaba signos de trauma severo y contusiones compatibles con una golpiza prolongada. Cuando pudo hablar con los investigadores, la mujer narró que Rodríguez la había maltratado durante años, tanto física como psicológicamente.

Dijo que la relación había terminado en enero de 2025, pero que él no aceptaba la ruptura. Desde entonces la había perseguido, amenazado y vigilado constantemente.

En su declaración, afirmó que era un hombre controlador, celoso y con problemas de consumo de alcohol, y que además había intentado suicidarse en varias ocasiones. En una de esas oportunidades, le advirtió que, si él moría, la arrastraría también.

Una verdadera historia de terror

El informe de la Fiscalía revela que el agresor planificó el ataque con antelación. Había observado durante varios días los horarios de su expareja y sabía a qué hora abría el negocio. Esa mañana llegó temprano, esperó a que ella quedara sola y entonces actuó.

La violencia con la que la atacó y la amenaza de incendiar el lugar fueron consideradas pruebas suficientes de su intención homicida.

El formato de valoración de riesgo elaborado por el Grupo de Protección a la Mujer de la Policía estableció que la víctima se encuentra en riesgo extremo de feminicidio, debido a la reiteración de amenazas, la posesividad del agresor y su historial de violencia.

Los funcionarios destacaron que el control emocional de Rodríguez era precario y que, de quedar libre, podría intentar consumar el crimen. Durante la audiencia de control de garantías, el fiscal imputó a John Harley Rodríguez el delito de feminicidio agravado en grado de tentativa.

La Fiscalía argumentó que actuó con dolo, que sus actos fueron premeditados y que existía una clara intención de causar la muerte.

El representante del ente acusador solicitó medida de aseguramiento en centro carcelario, alegando que la libertad del procesado pondría en riesgo la vida de la mujer y de sus hijas.

El juez de control de garantías acogió los argumentos de la Fiscalía. En su decisión, destacó la gravedad del ataque, el rencor con que fue cometido y el riesgo inminente que representa el agresor para la víctima.

Concluyó que no existían medidas menos gravosas que garantizaran su comparecencia al proceso y, en consecuencia, ordenó su reclusión inmediata en establecimiento penitenciario.