Especialistas advierten sobre las consecuencias de consumir alimentos con fallas en la cadena de frío. Consumir pescado en mal estado puede representar un serio riesgo para la salud, especialmente en temporadas de alto consumo como Semana Santa.
Así lo advirtió Gersaín Alonso Valencia, ingeniero en alimentos de la Secretaría de Salud de Dosquebradas, en entrevista con 360 Noticias. Dijo cuáles son las señales de alerta que debe identificar el consumidor antes de adquirir este tipo de productos.
“El pescado debe presentar escamas firmes, ojos brillantes y en ningún caso deben estar hundidos. Si los ojos están opacos o retraídos, y si hay generación de hielo en la cavidad abdominal, probablemente sufrió una pérdida de la cadena de frío”, explicó el profesional.

Según el experto, una de las señales más comunes de que un pescado ha iniciado un proceso de descomposición es la aparición de escarcha o hielo acumulado de forma irregular, especialmente en productos empacados al vacío.
En estos casos, también se puede observar pérdida del vacío o bolsas infladas, lo que indica variaciones en la temperatura de conservación.
Riesgos para la salud
Las consecuencias de consumir pescado en malas condiciones pueden ir desde una simple molestia estomacal hasta intoxicaciones severas o enfermedades transmitidas por alimentos (ETA), como lo señala el Valencia.
“Cuando el producto se descongela y vuelve a ser congelado, sufre alteraciones físico-químicas y microbiológicas. Esto favorece el desarrollo de microorganismos que pueden afectar gravemente la salud del consumidor”, indicó.
Entre los síntomas más frecuentes de una intoxicación alimentaria están el dolor abdominal, diarrea, vómito, fiebre y, en casos más severos, deshidratación y complicaciones sistémicas que requieren atención médica urgente.
Recomendaciones
Desde la Secretaría de Salud de Dosquebradas se hace un llamado a la ciudadanía para que, al momento de adquirir productos de mar, se verifique:
– Que se mantengan en refrigeración constante.
– Que no presenten olores fuertes o desagradables.
– Que la textura del pescado sea firme y húmeda, no babosa ni seca.
– Que los productos empacados al vacío conserven el sellado intacto y no generen escarcha excesiva.
El consumo responsable y la verificación de las condiciones del producto son clave para evitar enfermedades que, aunque prevenibles, pueden poner en riesgo la vida.
