En Pereira, el sismo destruyó más de mil tumbas y las familias hoy no saben cuándo podrán recuperar los restos de sus seres queridos.
Juan Pablo tenía 17 años cuando murió en un accidente de motocicleta. Su madre, Leyzy Yorli Moreno, le dio sepultura en el cementerio San Camilo de Pereira, convencida de que allí descansaría. Pero, el terremoto del 10 de agosto destruyó la tumba y dejó sus restos bajo los escombros.
Ahora, ella enfrenta una segunda tragedia: no saber cuándo podrá recuperar los restos de su hijo y volver a despedirse de él. “Para mí, mi hijo está desaparecido”, dice.
Ella sabe dónde enterraron a Juan Pablo, pero no puede llegar hasta sus restos ni visitar la tumba que durante un tiempo le permitió sentirlo cerca.
“Yo en este momento siento que aunque fui y lo enterré, él para mí es un hijo desaparecido”, dijo.
Una espera sin fecha
La mujer contó que ha presentado derechos de petición y acciones judiciales para obtener respuestas. Sin embargo, afirma que todavía no conoce cuándo podrán recuperar los restos que quedaron bajo las estructuras colapsadas del cementerio.
“Estamos solicitando que empiecen, que nos den una fecha, que nos digan qué podemos hacer, qué puerta debemos tocar para recuperar los cuerpos”, reclama.
La mujer asegura que el procedimiento requiere coordinación entre varias entidades, entre ellas la Fiscalía, la administración municipal, el cementerio y las autoridades forenses.
El dolor continúa
La dificultad para recuperar a Juan Pablo también afectó su salud emocional. La madre cuenta que recibe atención psicológica y psiquiátrica.
“Siento impotencia, siento tristeza. Como madre no poder hacer algo para sacar el cuerpo de mi hijo de ahí”, manifiesta.
En medio de la espera, Leyzy insiste en que no dejará de luchar hasta recuperar los restos de su hijo y poder darle una sepultura digna.
“Yo le digo a Juan que él sabe que lo amo, que lo voy a amar hasta el último día que yo esté aquí respirando y que también voy a seguir luchando por él para recuperar su cuerpo”, agregó.
Este 18 de septiembre, Juan Pablo cumpliría la mayoría de edad y su mamá solo esperaba tener tiempo y espacio para pasarla con él.
