El reencuentro se produjo tras una búsqueda larga. Nunca perdieron la fe, pese a que no se veían desde los 12 y 13 años.
Durante casi seis décadas, la violencia, el desplazamiento y la falta de respuestas oficiales mantuvo separadas a dos hermanas de La Virginia (Risaralda). La búsqueda, marcada por puertas cerradas, trámites sin resultado y resignación familiar; terminó en un reencuentro que esperaron por años.
La última vez que María Fabiola Tabares vio a su hermana María Rubiola fue en 1964. Las dos eran apenas niñas. Tenían entre 12 y 13 años, y compartían una misma realidad: una casa invadida por la violencia intrafamiliar.
En La Virginia tomaron una decisión que les cambiaría la vida para siempre. Cada una siguió un camino distinto. Rubiola partió hacia Bogotá para trabajar en oficios varios. Fabiola, en cambio, terminó en Putumayo, donde años después se vinculó como miliciana a un grupo armado no estatal.
La guerra, el desplazamiento y la distancia hicieron el resto. El contacto se perdió por completo. Con el paso del tiempo, ambas asumieron lo peor. Rubiola creyó que la guerra había terminado por arrebatarle a su hermana.
Fabiola, por su parte, regresó años después a La Virginia, desplazada y con el peso de la violencia sobre sus hombros, pero sin ninguna pista sobre el paradero de Rubiola. Lo que inició como una separación forzada se convirtió en una ausencia de casi 60 años.
Una búsqueda que no se detuvo
En 2025, cuando la esperanza parecía haberse reducido a una posibilidad remota, María Fabiola conoció la estrategia nacional de la Red de Apoyo Operativo para la Búsqueda. Allí presentó la solicitud formal para encontrar a su hermana.
No llevaba mucho más que un nombre, una fecha y un lugar de nacimiento. Eran datos mínimos para una historia demasiado larga. La información fue cotejada con los registros disponibles. El cruce de datos arrojó dos coincidencias posibles, pero una de ellas encajaba de manera precisa con la edad y el origen.
El primer contacto no fue con Rubiola, sino con sus hijas en Bogotá. La desconfianza inicial fue inevitable. Después de tantos años, la noticia parecía difícil de creer. Solo tras acudir a las oficinas de la Unidad de Búsqueda, el pasado empezó a tomar forma de certeza.
El 12 de marzo de 2026, en Pereira, llegó el momento que la familia había esperado durante décadas. Desde allí emprendieron el regreso a La Virginia, el mismo municipio que las vio crecer y del que ambas huyeron siendo adolescentes.
El abrazo lo dijo todo.
Entre llanto, silencio y sonrisas, las hermanas finalmente se encontraron por primera vez en casi seis décadas. Fueron apenas unos segundos, pero en ese instante unieron años de incertidumbre, duelo anticipado y esperanza persistente.
“Gracias a Dios por este encuentro, porque más de 50 años que yo no esperaba volverme a ver con mis hermanas ni mi hermano ni nada. Ojalá mi Diosito nos dé muchos años de vida para estar unidos y no perdernos tanto como nos perdimos en este tiempo”, dijo María fabiola.
La otra hermana, maría Rubiola, recordó que nunca dejó de buscar. “Estoy muy agradecida, muy contenta porque estuve buscándola mucho tiempo y nada. Hablamos por internet, fui a la fiscalía, fui a la alcaldía, si me ayudaban, y nada. Pero gracias a Dios ya estamos reunidos”, expresó.
En Risaralda, hasta el 1 de diciembre de 2016, existe un universo preliminar de 1.426 personas dadas por desaparecidas en el contexto del conflicto armado. Esa cifra convierte esta historia en algo más que un relato familiar.
