En 2026, Pereira ya suma tres casos de autolesión. Según cifras oficiales, Risaralda cerró 2025 con más de 80 muertes iguales.
Lo que ocurrió este lunes no es una escena nueva. Por el contrario, se repite con la misma crudeza que la ciudad ya conoce. Un hombre al borde del viaducto, organismos de socorro que intentaban persuadirlo y abajo una multitud miraba esperando la tragedia, varios con sus celulares listos para grabar.
Tampoco es un hecho inexplicable. Que una nueva persona saltara al vació sólo destapa las fisuras de una crisis de salud mental que avanza sin detección temprana eficaz y sin respuestas que tranquilicen a los que la sufren.
Sobre las 02:30 de la tarde, ciudadanos reportaron que un hombre había subido al viaducto César Gaviria Trujillo. En imágenes que se difundieron en redes sociales se le ve acostado sobre uno de los muros posteriores, mientras otras personas intentaban convencerlo de regresar a una zona segura.
Vestía una camiseta del Deportivo Pereira. Luego de la tragedia lo identificaron como Omar Antonio Agudelo Taborda, de 46 años, natural de Andes (Antioquia). Aún no se sabe por qué lo hizo. Lo cierto es que varias personas se acercaron para tomar la foto de su cadáver.
En otro video, se observa a los Bomberos bajar por la parte externa del puente para intentar rescatarlo. En medio del operativo, pero el hombre saltó. Supuestamente, la víctima estaba bajo los efectos del alcohol.
El viaducto César Gaviria Trujillo, cuya construcción terminó en 1997, no sólo es un símbolo de integración vial entre Pereira y Dosquebradas. Desde su fundación, también ha sido escenario recurrente de muertes relacionadas con crisis emocionales.
Desde hace muchos años se convirtió en un punto crítico que resume fallas históricas en acompañamiento, atención, detección temprana y hasta en la falta de medidas de seguridad, que eviten que más personas repitan la misma escena años tras año.
Más allá del viaducto
Expertos en salud mental coinciden en que estas situaciones no pueden abordarse únicamente desde la emergencia. La presencia de socorristas, cámaras o barreras físicas es necesaria, pero insuficiente, si no se acompaña de redes de atención comunitaria, seguimiento clínico y detección temprana.
El uso masivo de redes sociales para difundir estos hechos también tocó un punto incómodo: “mientras algunos buscan alertar, otros terminan amplificando escenas de dolor sin contexto ni enfoque preventivo”.
Cada nuevo caso en el viaducto no habla sólo de una decisión individual, sino de fallas acumuladas en el sistema de salud mental, de la dificultad para llegar a tiempo y de una sociedad que sigue reaccionando tarde.
La verdadera tragedia no está en la altura del puente, sino en lo que ocurre mucho antes, cuando el auxilio no llega y nadie logra ver a tiempo lo que se rompe por dentro.
