Se conocen nuevos detalles de un brutal crimen que aún estremece a Pereira

In Judicial
septiembre 09, 2025

Faltan dos cuerpos. Las autoridades continúan trabajando en el caso de las tres personas desaparecidas desde el mes de abril.

El único pecado de Wilmar Ferney Mosquera Marín fue salir de su casa la madrugada del 24 de abril para cumplir con un servicio de transporte. No era un hombre de problemas, no debía nada, no cargaba cuentas pendientes con nadie. Su asesinato fue, como dicen en el barrio, “un crimen injusto, un castigo inmerecido”.

Sobre la 01:00 de la madrugada, Wilmar recibió la llamada de dos jóvenes conocidos en El Plumón: Sebastián Valencia Vélez (28 años) y Joan Camilo Osorio (17 años). Le pidieron que los llevara a Cerritos, una carrera larga y bien paga.

Él aceptó sin imaginar que ese viaje sería el último. Antes de arrancar, le dijeron que tenían que hacer una parada en El Rosal. Desde ese momento, todo se perdió. Su cuerpo apareció cuatro meses después, en un sector que aún guarda silencio y miedo.

La Policía llegó hasta allí por una llamada que, según residentes del barrio, salió de una cárcel. “A esa gente la apretaron para que dijeran dónde estaba el cuerpo”, relató un informante que pidió reserva.

Pero esa revelación sólo destapó un misterio mayor: junto a Ferney, esa madrugada también desaparecieron los dos jóvenes que lo habían contratado. De ellos aún no hay pistas ni señales.

Las versiones que circulan en voz baja son escalofriantes. Algunos aseguran que los otros dos, Sebastián y Joan camilo, terminaron descuartizados y que sus restos los habrían esparcidos en distintos puntos para evitar que los encontraran.

Nadie habla en voz alta

“Los otros pelados eran maluquitos, ya estaban metidos en vueltas feas”, dijo a este medio un residente de El Plumón que conocía a las tres víctimas.

En el barrio, el tema se volvió tabú. La gente baja la voz, cambia de acera, se hace la que no escucha. Hay miedo.

Lo único claro es que Wilmar Ferney no tenía por qué morir de esa manera. Cayó en la trampa de una historia ajena, en un posible ajuste de cuentas que nunca le perteneció.

Hoy, mientras sus seres queridos lloran en silencio, la ciudad entera se pregunta cómo un hombre trabajador, creyente y dedicado a los suyos terminó siendo víctima de la barbarie.

Pereira sigue estremecida porque en cada esquina de El Plumóny en cada murmullo se repite la misma frase: “A Ferney lo mataron porque estuvo en el lugar equivocado”.