Las 45 siluetas que desatan la guerra criminal en Pereira

In Judicial
septiembre 06, 2025

Policía reveló el cartel de los más buscados en el área metropolitana: 45 cabecillas y sicarios de Cordillera y Rebeldes.

En los muros de las estaciones de Policía y en los despachos de inteligencia reposan 45 siluetas que, más allá de ser rostros borrosos, representan el mapa vivo de la violencia que hoy mantiene en jaque a Pereira y Dosquebradas.

Tras cada alias se esconde un sicario, un coordinador de microtráfico o un jefe criminal que disputa calle a calle el negocio del tusi, la marihuana y la cocaína.

Dos ejércitos enfrentados por la ciudad. La radiografía es clara: de un lado, Cordillera, la banda con mayor estructura, jerarquía y capacidad financiera; del otro, Los Rebeldes, un grupo emergente que se disputa el control territorial y no duda en ordenar asesinatos.

Entre ambos, según fuentes policiales, se libra una guerra silenciosa pero letal que explica buena parte de los homicidios en el Área Metropolitana. En lo que va de año, Pereira suma 164 y Dosquebradas 61.  

Los nombres detrás de las siluetas los conocen muy bien en los barrios: alias Mechas, sicario de vieja data; alias Calvo Freddy, alias Forrusca, alias Llantas, alias Edward, alias Pecas o Zarco, y alias Barbado, fichas de las que se dice, actúan como coordinadores de expendios y sicariatos.

Capos que se camuflan en la sombra

La lista incluye también a jefes de primer nivel. El más sonado: alias Don A, que según las pesquisas sería en realidad Diego Pereira, máximo cabecilla de Cordillera, un nombre del que poco se hablaba en la institucionalidad, pero que ahora aparece en el radar oficial como pieza clave.

Otros apodos se repiten en las interceptaciones y en los barrios: alias Buda, alias Leo Intermedio, alias Pipe o Lucho, y alias FZ, este último capturado recientemente en un operativo en el barrio Camilo Torres de Dosquebradas. Cada uno de ellos representa una célula activa de la organización.

En el otro frente, se mueven alias Meahogo, alias Ojo de Muerto, alias Rolo Puentes, alias Jarras, y alias Juangui, este último identificado como jefe de sicarios de Cordillera, cuya misión sería mantener la disciplina interna y garantizar el cumplimiento de las órdenes de asesinato.

El brazo armado del microtráfico

La investigación también revela otra línea de cabecillas: alias Piña, alias El Paisa, alias Garra, alias Walter Ojos, alias Manotas, alias Negro Harold, alias Tres Caras, alias Martín, alias La Cosa y otro alias Pipe.

Según el coronel Óscar Ochoa, subcomandante de la Policía Metropolitana de Pereira, la mayoría son “objetivos barriales” que cumplen la tarea de intimidar comunidades enteras con la venta de drogas sintéticas como el tusi.

Muchos de estos hombres están capturados o se han dado de baja entre ellos mismos, pero persisten cabecillas que siguen ordenando delitos”, explicó.

Una estrategia con recompensas

La ofensiva incluye recompensas de hasta 30 millones de pesos por información que permita ubicar a objetivos de primer nivel, y hasta 5 millones por los denominados “barriales”. La estrategia, asegura la Policía, no solo busca capturar, sino también aislar la criminalidad desde las cárceles, pues algunos de estos hombres están detenidos, pero siguen operando tras las rejas.

La Policía insiste en que la colaboración ciudadana es determinante: “Queremos que la comunidad ayude a identificar, ubicar y denunciar a estas siluetas. Por eso reforzamos la línea 123 y los canales de información segura”.

En el último año, algunos de los más buscados cayeron en operativos; otros han muerto en ajustes de cuentas. Pero la lista nunca se vacía. Nuevos nombres se suman a medida que otros caen.

Es un tablero criminal en constante movimiento, y cada silueta tachada representa apenas un paso en una guerra que aún parece estar lejos de terminar.

La nueva realidad criminal

Desde abril, la estructura de Los Rebeldes atraviesa una crisis marcada por la falta de financiación y el abandono de varios integrantes, algunos de los cuales denunciaron no haber recibido pagos por acciones sicariales.

Ante ese escenario, parte de sus hombres migraron a componentes barriales del microtráfico o terminaron vinculados a las llamadas chazas de tusi.

En paralelo, Cordillera ha intensificado ataques contra los llamados contrabandistas, es decir, aquellos que buscan vender estupefacientes sin someterse a sus reglas. Algunos, habitantes de calle que se suman a la cadena criminal a cambio de pequeñas dosis para consumo.