Operan desde las sombras. Hoy controlan una estructura armada, que se presume tiene tentáculos en Risaralda, Medellín y el Valle.
Nadie tiene una foto clara de alias Gaspar. No hay un expediente abierto contra él. No hay una orden de captura en curso. Y sin embargo, durante al menos seis años, ha sido uno de los máximos responsables de los homicidios selectivos cometidos en Pereira y Dosquebradas. Siempre desde la sombra. Siempre sin dejar rastro.
Junto a él, aparece otro nombre que para muchos en el mundo criminal ya no es nuevo: alias Pipe A, identificado como Andrés Felipe Acevedo Correa, un hombre robusto, trigueño, de barba cerrada y pelo corto, nacido en Pereira. Es su socio, su complemento, el ejecutor de muchas de las órdenes. Entre ambos, han logrado dirigir una de las estructuras más violentas y silenciosas del crimen urbano: Los Rebeldes.
360 Noticias tuvo acceso a información confidencial. Audios que revelan por primera vez quiénes son, cómo operan, y por qué siguen siendo invisibles para las autoridades.
Un poder criminal sin rostro
Los Rebeldes no aparecieron de la nada. Son una escisión directa del grupo delincuencial Cordillera. Pero a medida que se consolidaban nuevas plazas de venta, especialmente con el auge del tusi (2CB), comenzaron las tensiones internas. Una fractura era inevitable.
La diferencia es que Gaspar y Pipe A no se rebelaron para figurar. Al contrario. Se replegaron, se escondieron, y empezaron a construir una organización paralela que opera como una empresa: mando vertical, emisarios de confianza, y delegación absoluta de la violencia.
“Ellos no se dejan ver. No hacen presencia. No cargan armas. Todo lo que ocurre en la calle lo ordenan por terceros”, dice una fuente que los conoció de cerca.
Alias Lalo: el escudo visible
Uno de esos emisarios fue, durante mucho tiempo, Andrés Londoño Giraldo, también conocido como alias Lalo. Es quien aparece en las investigaciones, quien figura en informes policiales, quien carga con las acusaciones públicas. Pero según la fuente, es apenas el coordinador operativo de los planes de Gaspar y Pipe A. “Un peón útil. Un intermediario”.
“Sí, Lalo es culpable. Ha dado órdenes, ha coordinado ataques. Pero él no es la cabeza. La verdadera estructura está arriba. Son ellos dos: Gaspar y Pipe A. Ellos nunca se ensucian las manos”, afirma el informante.
Esa estrategia les ha funcionado. Mientras la mayoría de los capturados y señalados en operativos son emisarios o mandos medios, a Gaspar y Pipe no los nombran en informes oficiales. No han sido judicializados. Nadie los busca.
La guerra interna
“Ellos también mandan a matar desde la cárcel”. Una de las tácticas más perversas que han implementado es el uso de información falsa para desviar a las autoridades. En medio de la guerra con Cordillera, su estructura madre, los Rebeldes han enviado mensajes a bandas rivales y a organismos judiciales. Delatan a personas inocentes o ajenas al conflicto, como mecanismo de defensa y distracción.
“Están mandando mensajes desde la cárcel, pero muchos de esos mensajes no vienen de los presos. Son manipulados por la gente de Gaspar y Pipe A para culpar a terceros. Arman rumores, señalan a inocentes, siembran miedo”, advierte el informante.
¿Quién es Gaspar? De él se sabe poco. Lo llaman simplemente “Gaspar”. Se dice que su nombre real es Juan Carlos, oriundo del Valle del Cauca. Lo describen como un hombre alto, delgado, piel clara, ojos claros.
Nunca ha sido fotografiado en contexto criminal. No se le conoce un alias alternativo. Es el más silencioso y meticuloso del dúo. Es el cerebro logístico, el estratega.
Andrés Felipe Acevedo Correa, nacido en Pereira. Su alias “Pipe A”. Durante años fue un mando medio en Cordillera. Luego se separó junto a Gaspar y asumió el brazo armado de Los Rebeldes.
A él, supuestamente, le temen por su carácter explosivo y por su conexión directa con los sicarios más jóvenes. En las comunas, su nombre inspira temor. En redes sociales, se rumora que está reclutando menores para convertirlos en gatilleros, debido al desgaste de su tropa principal.
¿Quién los financia?
Una parte clave del rompecabezas es el dinero. ¿Cómo sostienen una guerra urbana sin una base tan amplia como la de Cordillera? La respuesta, según la fuente, está en el apoyo de narcos privados.
Grupos que han decidido financiar a Los Rebeldes en su intento por tomar el control del Eje Cafetero. Son pequeños carteles invisibles que invierten en grupos urbanos para abrir rutas, asegurar plazas, y mover sustancias como el tusi.
“No son bandas, son narcos. Privados. Gente con plata que les mete armas y logística. Pero ni así pueden contra Cordillera”, dijo el informante.
Influencia territorial
Los Rebeldes tienen presencia directa en varios barrios de Dosquebradas y en comunas de Pereira, sobre todo en zonas antes controladas por Cordillera. Uno de sus operadores es alias Panda, quien tiene influencia en sectores estratégicos.
Otro de las figuras importantes se desplazó a una comuna en Medellín con el objetivo de ampliar la red y lograr un objetivo: que la presencia ya no sea solo local.
Ni Gaspar ni Pipe A han sido capturados. No figuran en alertas de búsqueda. La mayoría de sus enemigos están muertos o escondidos. Sus estructuras siguen activas, aunque debilitadas. Y el temor en las calles es tal, que sus nombres apenas empiezan a circular fuera del mundo criminal.
