Disidencias del Clan del Golfo respaldarían a los Rebeldes en su guerra por el control territorial.
A punto de cumplirse un año desde que estalló la guerra entre Cordillera y los Rebeldes, Pereira y Dosquebradas rozan las cifras de homicidios con las que cerraron 2024. A la fecha, ambas ciudades reportan 187 homicidios violentos: 133 en la capital y 54 en su municipio vecino. El año pasado, las cifras totales fueron de 143 y 55, respectivamente.
Y todavía falta. Una fuente que conoce por dentro las dos estructuras enfrentadas, y que accedió a conversar con 360 Noticias bajo estricta reserva, dijo que “esto apenas está comenzando”.
“Van casi 300 muertos… y los que faltan”, soltó el informante. Lo que vino después fue un relato crudo, con nombres hasta ahora inéditos y un panorama aún más complejo del que se percibe en las calles.
Los nuevos jefes de la guerra
Según el testimonio, los verdaderos cabecillas del grupo de los Rebeldes, enemigos declarados de Cordillera, no son aquellos nombres que suelen circular en los informes de inteligencia o notas periodísticas.
Los verdaderos jefes de esa estructura serían alias Gaspar y Pipe A. Ambos estarían al frente de la sangrienta disputa por las plazas de microtráfico en la región. A diferencia de otros, no aparecen, no se exponen, no han sido capturados. Solo dan órdenes.
Bajo su mando estarían varios lugartenientes como alias Lalo (Capturado), Panda (en libertad), Negro William (asesinado), alias Cripiliano (en otra ciudad) y alias La Negra, recientemente capturada en una operación policial en Villasantana.
Cada uno con funciones en barrios específicos de Pereira y Dosquebradas. Por ejemplo, Panda tendría control en sectores de ambos municipios, mientras que Cripiliano se habría desplazado a una comuna de Medellín para extender el brazo del grupo.
Apoyo de “narcos privados”
El informante también señaló que los Rebeldes reciben respaldo de una estructura que no es el Clan del Golfo directamente, pero sí una disidencia del mismo, a la que denominó como “narcos privados”.
No se trata de bandas organizadas tradicionales, sino de células sueltas, financiadas por narcotraficantes que están usando el conflicto para afianzar su poder.
“El apoyo es más de narcos, no de bandas”, dijo. “No tienen mucha gente. Antes controlaban todo el microtráfico de la calle en Pereira. Pero el poder de arriba los debilitó. Ya no mandan como antes”, dijo.
Pero ¿cómo convencieron a tantos expendedores para tenerlos a favor en esta guerra? En ese contexto, revelo que alias Gaspar y Pipe A “les pusieron un chip a todos, diciéndoles que venía un grupo nuevo y que había que obedecer o los iban a matar”.
Guerra por el poder… y por la herencia
Aunque la disputa se ha atribuido al control del tusi (2CB, una droga sintética), el informante insistió en que esto no es sólo por estupefacientes, sino por poder, territorio y cuentas del pasado. Y ahí entra en juego un actor inesperado: el llamado “Cartel de los Sapos”.
Según la fuente, muchos de los antiguos jefes y paramilitares que habían sido extraditados, capturados o exiliados, ya están de regreso. Reclaman lo que consideran suyo y estarían entrando en conflicto con sus antiguos pupilos, quienes hoy ostentan cargos de mando en bandas locales.
“Están recuperando tierras, poder… y ajustando cuentas”, advirtió. “Ya no son solo Rebeldes o Cordillera. Esto es más grande”.
Pereira sin ley
El panorama descrito es de caos. Sectores que antes no tenían presencia del narcotráfico, hoy están invadidos por jíbaros, armados y sin control. Aunque ya, según la fuente, se está recuperando el control.
Mientras tanto, en Dosquebradas, sólo falta un homicidio para igualar el total de todo 2024. Y según los que conocen de esta guerra, los números seguirán subiendo hasta que “no terminen de sacar del todo a los Rebeldes”.
