Es operador financiero de Cordillera, da órdenes de asesinato y ahora, supuestamente, se esconde en Medellín.
Se le conoce como el cerebro criminal detrás de la bala. Durante años ha sido un nombre que pocos pronuncian en voz alta, pero que en los bajos mundos del crimen organizado se escucha con respeto y con miedo. A Andrés Felipe Mejía Elejalde, alias Pipe o La P, se le señala como uno de los hombres más temidos de la estructura delincuencial Cordillera.
Las investigaciones judiciales más recientes, lo vinculan como el autor intelectual del crimen que sacudió al país en pleno paro nacional: el asesinato del líder estudiantil Lucas Villa, ocurrido la noche del 5 de mayo de 2021 en el Viaducto César Gaviria Trujillo.
Alias Pipe no es un sicario de esquina. No empuña armas ni dispara en la calle. Su poder está en la voz y la billetera. Durante los últimos años ha escalado posiciones hasta convertirse en un operador financiero clave dentro de la red de microtráfico que domina zonas enteras de Pereira y Dosquebradas.
No sólo recauda, también decide. Y fue justamente una de esas decisiones, según reconstrucciones de los hechos, la que terminó con la vida de uno de los rostros más visibles de la protesta social en Colombia.
Homicidio de Lucas Villa
Las manifestaciones lideradas por Lucas Villa habían logrado bloquear corredores viales estratégicos para el negocio del narcotráfico en el Eje Cafetero y las pérdidas eran cuantiosas. Se habla de cargamentos retenidos, entregas incumplidas, cobros de acreedores.
Fue entonces cuando Pipe, según informes de inteligencia, desde las sombras de su rol de mando, habría dado la orden para acabar con lo que consideraba un obstáculo. La ejecución fue encargada a dos de sus hombres de confianza: Jonatan Stiven Mejía Hurtado (Truán) y Jhon Alexander Mejía Hurtado (Carevieja), ya capturados y procesados.
Esa noche, según el expediente, los sicarios se movilizaron en motocicletas, ubicaron a Villa mientras hablaba con otros manifestantes sobre el viaducto y dispararon a quemarropa. Luego huyeron hacia el barrio San Judas, bastión de Cordillera, donde ocultaron las armas, se cambiaron de ropa y siguieron como si nada hubiera ocurrido.
¿Se esconde?
El rastro más reciente lo ubica en el departamento de Antioquia, cerca de círculos familiares en Medellín, donde contaría con apoyo logístico para mantenerse oculto.
“Cambió de residencia, de apariencia, de rutina. Pero no de poder”, dijo un informante que habló con 360 Noticias. Fuentes indican que, aunque está lejos de Risaralda, sigue al mando. “Da órdenes, coordina negocios, mueve dinero y protege a quienes le son leales”.
A alias Pipe se le atribuyen vínculos con redes de tráfico de estupefacientes, extorsión, cobros ilegales y lavado de activos. No aparece en redes sociales. No deja huellas digitales. Evita teléfonos inteligentes y se desplaza con escoltas discretos cuando debe hacerlo. Su radio de acción se ha vuelto más sigiloso, más estratégico.
Para muchos en el mundo judicial, capturar a alias Pipe no sólo significaría un paso en la resolución del caso Villa, sino también un golpe certero a la estructura que alimenta la violencia en el área metropolitana de Pereira. Un paso al desmantelamiento de Cordillera.
Mientras su rostro aún no figura entre los más buscados en afiches oficiales, en las calles todos lo conocen. Todos saben que, en el entramado criminal del Eje Cafetero, nada se mueve sin que Pipe lo autorice. Y que cuando habla, sus órdenes se cumplen.
