En Pereira, un joven trabajador desapareció el 25 de febrero. Nunca volvió a casa, y su familia aún espera noticias.
Como él, más de un centenar de personas siguen ausentes en el departamento sin que las autoridades den explicación. Se llama Carlos Adrián Jaramillo Robledo y tiene 32 años. Padre de tres niños y trabajador desde hace años en una reconocida transportadora.
El pasado 25 de febrero debía entrar a su turno, como siempre lo hacía, pero nunca llegó. Desde ese día nadie ha vuelto a saber de él. Su caso es uno de los al menos 118 reportes de desaparición registrados oficialmente en Risaralda en lo que va del año.
Según información extraoficial, obtenida por 360 Noticias, la cifra preocupa, no sólo por la frecuencia, sino por el patrón común: muchas de estas personas nunca reaparecen, ni vivas ni muertas, y las autoridades no tienen respuestas concretas para sus familias.
“Lo que sabemos es muy poco. Que la exesposa fue quien reportó la desaparición el mismo día, aunque ya no vivían juntos. Que la última vez lo vieron por el barrio Santa Teresita, en la zona cercana a la Avenida del Río. Que ese día no fue a trabajar, y eso era muy raro en él”, relató Claudia Jaramillo, uno de sus familiares.
Vida normal y desaparición inexplicable
Carlos Adrián no tenía antecedentes judiciales. Tampoco enemigos conocidos. Vivía en un apartamento modesto cerca del centro de Pereira, era técnico en vigilancia de cámaras y llevaba años laborando en la misma empresa.
“Era un hombre responsable. Tomaba trago de vez en cuando, como cualquiera, pero jamás tuvo problemas por eso. Nunca se metió en drogas, ni en nada raro. Eso se lo puede confirmar el jefe, que incluso fue quien nos llamó a preguntar por qué no había llegado a trabajar”, agregó.
La desaparición ocurrió un domingo. En la zona donde lo habrían visto por última vez, entre el barrio Santa Teresita y el hospital San Jorge, según la familia, pegaron afiches, preguntaron casa por casa y hablaron con comerciantes, pero nadie vio nada. Nadie recuerda nada. Nadie responde.
Fiscalía colapsada
Desde que se radicó la denuncia, la familia del joven ha recibido apenas una respuesta: “el caso va en orden de llegada”. Y es que, según testimonios recopilados por este medio, la Fiscalía de Risaralda enfrenta un volumen inusual de casos de desaparición este año.
“Cuando mi hermano fue a preguntar, le dijeron que había muchos casos represados. Que tocaba esperar. Pero cómo espera uno sin saber si su hijo está vivo o muerto, si lo tienen secuestrado o si lo mataron”, dijo la mujer.
Y el suyo no es el único caso. En lo corrido del año, también desaparecieron otras 117 personas. “Aquí se están desapareciendo muchos muchachos. Es como si se los tragara la tierra. Y cuando uno va a preguntar, lo único que dicen es que están investigando, pero nunca dicen nada más”, completó Claudia.
Estadística fría
Según cifras no oficiales, solo en los primeros seis meses de 2025 se han denunciado al menos 118 desapariciones en Risaralda. Algunas personas aparecen en pocas horas o días. Pero una gran mayoría simplemente no regresan jamás.
La mayoría de las víctimas son hombres jóvenes, trabajadores informales, domiciliarios o personas con labores nocturnas. En otros casos, son madres cabeza de hogar o adolescentes que desaparecen de su entorno sin que haya señales previas de alerta.
La pregunta se repite en los grupos de WhatsApp familiares, en las oficinas del CTI, en las carteleras del barrio, en los muros donde se pegan los afiches de búsqueda, en las oraciones desesperadas. ¿Dónde están?
Y aunque cada caso es diferente, la falta de respuestas de fondo, la lentitud en las investigaciones y la indiferencia institucional los une a todos.
