Las autoridades explicaron el esquema de funcionamiento de este negocio donde, al parecer, niños cocinan la droga y hackers marcan las zonas de venta
Las redes del microtráfico en Pereira y Dosquebradas no sólo se están sofisticando con el uso de tecnología, sino que trazaron rutas cuidadosamente planificadas que atraviesan barrios residenciales, entornos escolares y zonas comerciales de alta afluencia juvenil.
Actualmenmte, las autoridades enfrentan una estructura criminal sofisticada: la red de distribución de Tusi, la droga sintética que genera grandes ganancias, recluta a menores como cocineros y utiliza hackers para identificar zonas de expendio mediante códigos QR.
Según la Policía Metropolitana, actualmente se han identificado 35 puntos de distribución activos entre los dos municipios. Cada uno está marcado con códigos QR diseñados por hackers, que permiten rastrear ventas, controlar stock y verificar autenticidad del producto.
“Es un modelo criminal tecnificado, donde cada punto funciona como una microfranquicia”, reveló el coronel Óscar Ochoa durante una sesión reciente en el Concejo de Pereira.
El Tusi, también conocido como “cocaína rosada”, no es un sólo compuesto sino una mezcla de ketamina, cafeína, anestésicos veterinarios, colorantes y otros psicoactivos. Cada dosis puede costar entre 30.000 y 50.000 pesos. Su venta está focalizada en fiestas electrónicas, discotecas, bares y eventos clandestinos.
Rostro infantil
El modelo de distribución funciona con una estructura jerárquica. Hay un “cocinero” principal por cada sector, un distribuidor, un transportador y una figura conocida como “ruletero”, que se encarga de hacer entregas rápidas.
Pero lo más alarmante, para el coronel Ochoa, es que niños y adolescentes son utilizados como cocineros y correos humanos para mover la droga entre barrios. Durante un reciente operativo en Dosquebradas, se encontraron dos menores de 8 y 10 años manipulando sustancias para preparar Tusi.
“Uno de ellos nos dijo que estaba aprendiendo porque con eso ganaba 300.000 pesos por noche”, contó. Estos niños, expuestos a riesgos físicos y toxicológicos, son captados con promesas de dinero rápido y regalos como camisetas de marca o celulares.
¿Cómo funciona el negocio?
Cada punto de venta cuenta con un código QR que identifica la “marca” del producto, similar a un sello de autenticidad. Algunos jóvenes incluso portan pulseras con estos códigos para facilitar el acceso a eventos donde circula el Tusi.
Esta tecnología fue introducida por hackers locales vinculados a la red, que además manejan las plataformas digitales para recibir pagos en criptomonedas y para registrar clientes frecuentes.
Los ingresos se estiman en más de $350 millones mensuales, según inteligencia policial. Parte de este dinero se lava mediante negocios fachada como tiendas de ropa, peluquerías, bares, cafés y hasta empresas de envíos. También se han identificado transacciones por plataformas de criptodivisas que dificultan el rastreo del dinero.
Conexiones internacionales
El coronel Ochoa también confirmó que el Tusi se estaría exportando hacia Europa, especialmente a París, Barcelona y Ámsterdam, camuflado en frascos de cosméticos o suplementos alimenticios.
Mujeres jóvenes son engañadas con promesas de empleo o becas, y luego utilizadas como “mulas” o vinculadas a redes de explotación sexual. Estas rutas ya son materia de investigación por parte de Interpol y Europol.
“Esto ya no es un tema de expendio local. Estamos enfrentando una red que combina tecnología, violencia, lavado de activos y trata de personas”, agregó el alto oficial.
Respuesta en curso
La Policía creó, recientemente, una “cápsula operacional” para atacar exclusivamente la red de Tusi. En lo corrido del año se cuentan 94 allanamientos, 1.940 capturas (el 90% por delitos relacionados con estupefacientes), y la incautación de más de 180 armas de fuego.
Sin embargo, las autoridades reconocen que las capturas y extinciones de dominio no bastan si no se fortalecen los programas sociales, educativos y de empleo para prevenir que los menores terminen reclutados.
Mientras, puntos de venta, marcados con un código QR, siguen entregando el llamado “cóctel de la muerte” a jóvenes que buscan escape, estatus y dinero rápido.
