De salvar partos en pandemia a evitar una tragedia en el viaducto: Diego Restrepo, el patrullero que nació para servir

In Eje Cafetero, Especiales
mayo 17, 2025

En lo alto del Viaducto César Gaviria Trujillo, el mismo que conecta a Pereira con Dosquebradas, un joven caminaba con paso errático, al borde del abismo. La escena, captada con los celulares de algunos ciudadanos, parecía inevitablemente trágica. Pero, un ángel apareció para darle otra oportunidad.

Allí, sin cuerdas de seguridad, sin tiempo para cálculos, se encontraba el patrullero de la Policía Metropolitana de Pereira, Diego Fernando Restrepo Aguirre, un hombre que no duda en actuar cuando la vida de otro está en juego.

“Dios, utilízame como instrumento para salvar esta vida”, recuerda haber dicho antes de trepar la estructura para acercarse al muchacho, que se debatía entre el miedo y la desesperación. “Lo vi como si fuera un hijo. Soy padre. Y en ese momento, él necesitaba a alguien que creyera en él”.

Restrepo no improvisó. Sabía lo que hacía. Ya lo había demostrado durante los meses más oscuros de la pandemia, cuando desde su puesto en el CAI de la estación Cuba, atendió cinco partos de mujeres que no lograron llegar a un hospital a tiempo.

“A las 2 ó 3 de la mañana me llamaban. Me tocaba decirles cómo pujar, cómo tomar aire, qué hacer cuando el bebé naciera. Dios me daba las palabras. El internet ayuda, pero la fe me guiaba”, contó con una serenidad que contrasta con la tensión de cada una de esas llamadas.

El pasado lunes en el viaducto, Diego no recurrió a manuales ni a entrenamientos. Le habló al muchacho como lo haría un padre con su hijo. Le ofreció su casco, un gesto que selló la conexión y evitó que una persona atentara contra su propia vida.

John, coge mi casco y vámonos. Hablamos en otro lugar”, le dijo. El joven lo miró, dudó, y luego lo abrazó. Fue entonces cuando Restrepo sintió que había salvado una vida, literalmente con sus manos.

“Sentí alegría, alivio. Orgullo de mi institución. Cuando lo abracé, supe que ya estaba a salvo. Bajé antes de que me traicionaran las lágrimas”, le confesó a 360 Noticias en una entrevista.

No es la primera vez que Restrepo desafía las probabilidades. Durante el aislamiento por el Covid-19, muchas madres lo recuerdan como la voz que las acompañó en el momento más importante de sus vidas. “Él nació para servir”, dirían después. Lo mismo piensan hoy los familiares del joven rescatado.

Su relato conmueve no sólo por su fe profunda, sino por su humildad. Nunca se presenta como un héroe. “El que no nace para servir, no nació. Dios siempre está en mis oraciones y en mi día a día”, repite como un mantra.

El patrullero Restrepo no tiene entrenamiento formal en obstetricia ni en psicología de crisis. Tiene algo más poderoso: vocación, valor y una fe inquebrantable. Esa mezcla ha hecho que, en momentos de extremo peligro o desesperación, su presencia marque la diferencia entre la vida y la muerte.

Hoy, mientras patrulla las calles del sector de Cuba en Pereira, lo hace con la misma entrega de siempre. Para muchos, ya es leyenda. Para él, es apenas el deber cumplido.

“Dios me puso en el lugar y la hora indicada”, dice sin alardes. Y uno no puede evitar pensar que sí, que hay quienes nacen para estar justo ahí, cuando más se les necesita.