La familia convirtió el trauma en una rutina de unión y oración mientras sus padres enfrentan una lenta recuperación tras sobrevivir.
Un mes después del terremoto que golpeó a Pereira, Jonathan Ramírez todavía enfrenta las consecuencias de aquella jornada en que encontró a su padre herido entre los escombros y pasó horas sin saber dónde estaba su madre. Hoy, mientras ella permanece en UCI y el inmueble familiar será demolido, la familia intenta reconstruir su vida alrededor de los recuerdos que logró salvar.
El día del sismo, Jonathan llegó al edificio donde vivían sus padres poco después del movimiento telúrico. Lo que encontró fue una estructura prácticamente destruida, con grandes bloques de concreto, zonas inestables y dificultades para acceder a algunos sectores.
La escena obligó a la comunidad a organizarse para buscar posibles sobrevivientes. Entre los escombros, Jonathan comenzó a buscar desesperadamente a sus padres, sin saber si alguno de los dos había logrado salir con vida.
La primera noticia llegó cuando encontró a su padre. Estaba vivo, pero había sufrido un fuerte golpe en la cabeza y una herida en uno de sus brazos. El alivio, sin embargo, duró poco: todavía faltaba encontrar a su madre.
Horas de incertidumbre
Jonathan continuó la búsqueda mientras el riesgo de nuevos movimientos del terreno obligaba a extremar las precauciones. Durante varias horas no tuvo noticias de su mamá.
La incertidumbre terminó cerca de las 3:30 de la tarde, cuando supo que ella había llegado hasta la Clínica San Jorge, en Pereira.
Su madre había sobrevivido, pero las lesiones eran graves. Un mes después permanece en la UCI y ha tenido que enfrentar más de diez intervenciones quirúrgicas debido a las fracturas en sus piernas y las lesiones sufridas en la cabeza.
Su recuperación ha sido lenta, pero la familia asegura que ha mostrado avances y que las oraciones y el acompañamiento se han convertido en parte fundamental de estos días.
Su padre también tuvo que enfrentar las consecuencias del terremoto. Durante varios días permaneció en silla de ruedas, aunque actualmente evoluciona favorablemente.
Para Jonathan, haber encontrado con vida a sus dos padres representa la mayor victoria después de aquella tragedia.
“Lo más importante es que ellos estén con vida. Lo material se puede recuperar”, resume al recordar lo ocurrido.
La casa que ahora desaparece
Pero la tragedia dejó otra escena difícil de asimilar.
El edificio donde sus padres vivieron y donde la familia construyó buena parte de sus recuerdos está siendo demolido.
Allí no solo quedaron paredes y objetos. También quedaron años de fotografías, documentos, cartas y momentos familiares que ahora forman parte de una vida que cambió en cuestión de segundos.
Antes de que comenzaran los trabajos de demolición, Jonathan tuvo la oportunidad de regresar al inmueble y recuperar algunas pertenencias.
Entre todo lo que pudo rescatar encontró algo que para la familia tiene un valor mucho mayor que cualquier objeto material: unas cartas que él y sus hermanos habían escrito cuando eran niños.
Sus padres las habían guardado durante años y, en alguna Navidad, incluso se las habían mostrado nuevamente a sus hijos.
Ahora esas cartas representan una parte de la casa que sí pudo sobrevivir.
Son recuerdos escritos por unos niños para sus padres, guardados durante años y recuperados justo cuando el lugar donde permanecieron comienza a desaparecer.
“Siempre hay una forma de renacer”
Jonathan sabe que la reconstrucción no será inmediata.
Su familia necesita vivienda, debe acompañar la recuperación de su madre y comenzar nuevamente después de perder buena parte de lo que habían construido.
Pero también asegura que el terremoto dejó una certeza: mientras permanezcan unidos, podrán enfrentar lo que viene.
La familia comenzó a reunirse para rezar el rosario todos los días. Es una rutina que, más allá de la tragedia, les permite permanecer juntos y acompañarse mientras sus padres continúan recuperándose.
“Siempre hay una forma de renacer”, dice Jonathan al pensar en otras familias que también perdieron sus viviendas y pertenencias.
Para él, haber sobrevivido no significa que el dolor haya terminado. Significa tener una oportunidad para comenzar de nuevo.
Un mes después del terremoto, la casa de sus padres desaparecerá físicamente, pero Jonathan conserva las cartas que encontró entre los recuerdos.
Y mientras su madre continúa luchando por recuperarse en una UCI, su padre avanza en su recuperación, la familia intenta reconstruir su vida con aquello que el terremoto no pudo derrumbar: la unión, la esperanza y los recuerdos de toda una vida.
