Salió a tomar café y vio caer su casa: perdió hasta sus herramientas

In Eje Cafetero
agosto 23, 2026

Entre los elementos que quedaron en la vivienda había taladros, extensiones y mangueras con las que trabajaba.

José Gerson Piedrahita Tenorio salió de su apartamento sobre 07:15 de la mañana junto a un compañero. Pocos minutos, a las 07:34 a.m. llegó el colapso, pero pudo salvar su vida. Hoy duerme en una casa prestada, mientras intenta asimilar que el terremoto del pasado 10 de agosto le arrebató el lugar donde vivía y los elementos con los que se ganaba la vida.

El pasado 10 de agosto comenzó como cualquier día. José, un trabajador de la construcción, había bajado desde el tercer piso para desayunar en una panadería mientras adelantaba trabajos de remodelación en el apartamento donde vivía alquilado.

Entonces llegó el terremoto. El movimiento sacudió la estructura y, ante sus ojos, la casa comenzó a desplomarse. José y su compañero alcanzaron a salir, pero otras cuatro personas quedaron atrapadas entre los escombros. “Por fortuna, ninguna perdió la vida”, dijo.

El alivio por haber sobrevivido duró poco. José regresó con la mirada hacia el lugar donde y encontró una escena que todavía le cuesta asimilar. Sus pertenencias quedaron bajo los restos de la vivienda. No pudo rescatar ropa, muebles ni objetos personales.

Perdió lo que necesitaba para trabajar

José se dedica a la construcción y tenía dentro del inmueble una pequeña bodega donde guardaba buena parte de sus elementos de trabajo.

Taladros, extensiones, mangueras y otras herramientas quedaron entre los restos. Algunas todavía pueden verse en medio de la estructura destruida, pero recuperarlas no resulta sencillo ni seguro.

Para él, cada herramienta representa mucho más que un objeto perdido: es una parte de su capacidad para volver a generar ingresos. “Perdimos todo”, recordó.

La misma situación golpeó a las otras familias que habitaban el inmueble. La casa tenía 11 apartamentos y allí vivían 11 familias, todas afectadas por el colapso.

Tres familias todavía no tienen dónde ir

Después de la tragedia, algunos habitantes encontraron refugio con familiares. Otros tuvieron que buscar alternativas temporales para pasar las noches.

José cuenta que tres familias continúan sin un lugar propio al cual regresar. Él duerme actualmente en una vivienda cercana, una solución provisional que no resuelve la incertidumbre sobre lo que vendrá.

El problema tampoco termina con conseguir un techo. Los damnificados necesitan recuperar sus pertenencias, reconstruir sus viviendas y, en muchos casos, encontrar nuevamente una fuente de ingresos.

José reconoce que la ayuda humanitaria comenzó a llegar. Los damnificados han recibido mercados, alimentos preparados y asistencia para cubrir algunas necesidades inmediatas.

Sin embargo, asegura que hasta ahora no han recibido auxilios para pagar arriendo ni una solución habitacional. Recientemente los censaron y esperan que esa información permita activar nuevas ayudas.

A su juicio, “la verdadera crisis está por comenzar”. José considera que la emergencia puede entrar ahora en una segunda etapa. Su preocupación va más allá de las viviendas destruidas, ahora mira hacia lo que ocurrirá con las personas que perdieron sus empleos.

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