Sus amigos del gremio aseguran que ya podía estar pensionado en su casa, pero nunca quiso abandonar el oficio que amaba.
“048 la dental… bendiciones para todos mis compañeros”. Esa era una de las frases con las que Luis Alberto Serna Salazar se despedía cada madrugada por radio antes de seguir recorriendo las calles de Pereira y Dosquebradas en su taxi. Hoy, esa voz quedó convertida en recuerdo entre quienes compartieron años de trabajo, conversaciones y amaneceres junto a él.
En el gremio pocos lo llamaban por su nombre. Para casi todos era simplemente ‘Chapatín’, el conductor de bermudas, medias largas, zapatillas coloridas y camiseta del Deportivo Pereira que durante décadas hizo parte del paisaje nocturno de la ciudad. Tenía 75 años, vivía en Dosquebradas y, según sus amigos, era uno de los taxistas con más años de trabajo en las calles.
La madrugada del martes 26 de mayo terminó siendo la última jornada de trabajo para el conductor. Un ataque con arma cortopunzante dentro de su taxi acabó con su vida en inmediaciones de la glorieta de Montelíbano, en el sector de Hacienda Cuba. Aunque alcanzaron a llevarlo al hospital San Joaquín, murió por la única herida que recibió en el pecho.
Más allá del crimen, entre los taxistas queda otra sensación: la de haber perdido a uno de los hombres más queridos del oficio. Las conversaciones en las estaciones, en los parqueaderos y en los puntos nocturnos ya no giran solamente alrededor de la inseguridad, sino del vacío que dejó un hombre que, según quienes lo conocieron, nunca tuvo problemas con nadie.
“Era alegre, honrado y muy humilde. No le importaba si usted era rico, pobre, blanco o negro. Si uno necesitaba agua para el radiador o una herramienta, él siempre ayudaba”, contó Edumar Rivera, uno de sus compañeros que lo describió como un hombre servicial.
“No quería quedarse encerrado en la casa”
Los relatos coinciden: ‘Chapatín’ vivía para trabajar. Aunque varios de sus compañeros creen que ya estaba pensionado, nunca dejó el volante. Prefería seguir recorriendo las calles antes que quedarse “quieto, encerrado en casa”.
“Yo siempre le decía que por qué no descansaba, que ya debía estar pensionado. Pero él decía que no le gustaba quedarse sin hacer nada, que se aburría”, recordó Rivera.
Su rutina la conocían quienes compartían las madrugadas con él. Le gustaba el turno de la noche, conversar en las estaciones y bromear con sus amigos. Algunos recuerdan que saludaba a todos con familiaridad, siempre sonriendo y haciendo comentarios sobre la salsa, el baile o el fútbol.
“¿Qué más muchacho? ¿Mucho baile o qué?”, repetía entre risas cuando veía llegar a alguno de sus compañeros. Otro detalle imposible de olvidar era su amor por el Deportivo Pereira. “Ese es el equipo de mi alma, el equipo de mi tierra”, respondía cuando alguien le preguntaba por qué usaba siempre la camiseta del club matecaña.
El apodo de ‘Chapatín’ nació precisamente por su manera particular de vestir. “Siempre andaba en bermudas y con unas medias larguísimas. Eso le daba un aspecto muy particular y por eso le quedó el apodo”, recordó Rivera.
La noticia de su muerte golpeó con fuerza al gremio. Algunos conductores aseguran haber llorado apenas se enteraron de la noticia. Para ellos, no se trató solamente de una persona más asesinado en medio de la inseguridad urbana.
“Ese señor no le hacía daño a nadie. No fue por problemas ni porque debiera algo. Lo mataron trabajando”, dijo otro de los taxistas que compartió años de turnos junto a él.
Las hipótesis preliminares apuntan a que el conductor habría sido víctima de un robo o de un forcejeo con el agresor dentro del vehículo. Sin embargo, entre quienes lo conocieron hay una idea que se repite una y otra vez: a ‘Chapatín’ le tocó una mala jugada de la vida. “Ojalá encuentren a los responsables y que se haga justicia. No merecía morir así”, señaló Edumar.
Mientras avanzan las investigaciones, en las calles todavía retumba la voz de aquel hombre que hizo de las madrugadas su rutina y del taxi su forma de vida. El mismo conductor que antes de seguir su recorrido se despedía deseándoles bendiciones a todos sus compañeros.
Hoy, muchos de ellos siguen esperando escuchar nuevamente por radio aquella frase que durante años hizo parte de las noches del gremio: “048 la dental… bendiciones para todos mis compañeros. Que Dios y la Virgen me los bendiga a todos”.
