Inteligencia militar siguió durante semanas la rutina de uno de los hombres más buscados en en el departamento.
Documentos apuntan a presuntos señalamientos internos por faltantes de dinero y un posterior asesinato atribuido a la misma estructura criminal. La historia de Walter Leguía Moscote, conocido como alias Javier, es un simple resumen de la vida criminal: ascenso, poder, sospechas y, finalmente, muerte.
Durante meses, su nombre figuró entre reportes internos de las autoridades en Risaralda. Las autoridades lo tenían identificado como uno de los personajes con mayor nivel de influencia dentro del Clan del Golfo, la principal banda criminal de origen paramilitar del país.
Pero más allá de los expedientes judiciales y los informes de inteligencia, la investigación periodística de 360 Noticias logró establecer detalles sobre sus movimientos, sus hábitos personales y las razones que habrían precipitado su muerte.
Fuentes señalan que alias Javier, de 51 años, se desplazaba con frecuencia a Dosquebradas, donde, según, acostumbraba pasar temporadas de descanso. Eso habría sido determinante para que organismos de inteligencia militar lograran interceptar información clave sobre sus desplazamientos.
De acuerdo con los reportes oficiales, los investigadores no sólo identificaron sus lugares de permanencia, sino que lograron reconstruir prácticamente toda su rutina: horarios, personas con las que se reunía, trayectos y sitios que frecuentaba.
Entre esos hábitos, una fuente asegura que era conocido su gusto por el licor, circunstancia que habría facilitado las labores de perfilamiento.
Lo que, al parecer, selló su suerte
Alias Javier, al parecer, manejaba casi toda la información de la estructura criminal relacionada con movimientos internos, finanzas y coordinación de actividades ilícitas. A ello se suma otra línea investigativa más delicada: un presunto faltante de dinero perteneciente a la organización.
Según, sobre este hombre recaían sospechas por recursos que, presuntamente, estaban destinados al pago de integrantes y colaboradores del Clan del Golfo en Risaralda. Ese dinero, supuestamente, no habría llegado a su destino y generó tensiones internas que pudieron convertirlo en objetivo.
Fuentes extraoficiales sostienen que posteriormente se trasladó a Antioquia, donde habría recibido respaldo temporal de miembros afines al grupo armado. Sin embargo, esa protección habría sido insuficiente frente a las sospechas que ya pesaban sobre él.
Un pasado criminal
La última captura conocida de Walter Leguía Moscote se remonta al año 2016. En ese momento, la Fiscalía informó que el operativo se produjo en una carretera que comunica al municipio antioqueño de Caucasia con Montería, capital del departamento de Córdoba.
Las investigaciones de entonces lo ubicaban como cabecilla del bloque Luis Fernando Gutiérrez del Clan del Golfo, con injerencia criminal en municipios de Magdalena, Bolívar, Córdoba y Antioquia, en el norte y noroeste del país.
El expediente judicial de la época también lo relacionaba con la coordinación de múltiples actividades delictivas, entre ellas extorsiones a comerciantes y ganaderos, una de las principales fuentes de financiación.
Hipótesis de ajuste interno
El pasado 9 de abril, a alias Javier lo asesinaron en zona rural de Antioquia. Su cuerpo ingresó a la sede de Medicina Legal en Medellín un días después. Aunque no hay un informe oficial, según las primeras hipótesis, su muerte tendría características de sicariato.
La principal versión que manejan fuentes cercanas al caso apunta a un posible ajuste de cuentas ordenado desde la misma estructura criminal. La hipótesis cobra fuerza con otro hecho violento ocurrido recientemente y conocido por esta redacción.
El 25 de abril de 2026, a las 8:30 de la noche, ingresó a la morgue municipal el cuerpo sin vida de Andrés Felipe Cano, de 26 años, conocido con el alias de ‘El Duende’, quien también aparecía en el cartel de los más buscados de Risaralda.

El reporte oficial indica que el homicidio ocurrió en la vereda Tafetanes, sector Filo de los Muertos, en jurisdicción de San Jerónimo, Antioquia.
Según las primeras actuaciones de vecindario, el hermano de la víctima manifestó que ambos se encontraban al interior de la residencia cuando llegaron dos hombres armados que dispararon sin mediar palabra antes de huir del lugar.
La seguidilla de homicidios muestra una purga interna dentro del Clan del Golfo, dirigida contra hombres que, presuntamente, perdieron la confianza de la organización o estuvieron vinculados a disputas por recursos y control territorial.
