El candidato del Pacto Histórico marcó su discurso como parte del pulso político con la derecha y la reivindicación del paro.
La visita de Iván Cepeda a la Plaza de Bolívar de Pereira fue algo más que una parada en su recorrido de campaña. Sobre todo, una escena cargada de simbolismo político, memoria reciente y disputa por el relato de ciudad.
Desde la tarima, frente a simpatizantes del Pacto Histórico y otros curiosos, lanzó una de las frases que más eco dejó en la jornada: “Pereira ya no es fortín de la derecha”.
La afirmación no pasó inadvertida en una ciudad y una región que históricamente han estado vinculadas a sectores conservadores y de centroderecha. El mensaje, más que una consigna de campaña, buscó marcar territorio electoral en un escenario políticamente apetecido.
Pero el discurso fue más allá de la coyuntura electoral. En uno de los momentos más sensibles de su intervención, el candidato evocó el estallido social y reivindicó el papel de la primera línea.
“Allí estuvo la primera línea de la dignidad”, dijo, en referencia a las protestas que sacudieron al país tras la pandemia.
La frase volvió a poner sobre la mesa uno de los temas más polarizantes del debate nacional. Para sus seguidores, se trata del reconocimiento a la resistencia ciudadana frente a políticas que consideraron injustas.
Para sus críticos, una reivindicación que reabre las heridas de un episodio marcado también por violencia, confrontaciones y una profunda división política que dejó fisuras en la economía local.
En Pereira, esa memoria tiene un nombre propio: Lucas Villa. Cepeda lo mencionó como símbolo de la juventud que, según sus palabras, “decidió no callar”. Así, la plaza se convirtió en mucho más que un escenario de campaña.
El mensaje de Cepeda reveló que su estrategia busca presentar a la ciudad no sólo como un bastión en disputa, sino como símbolo de un cambio político que el progresismo considera posible en el Eje Cafetero.
