La autoridad ambiental identificó especies en riesgo y exige suspender proyectos que no cuenten con los protocolos.
Un ruido de motosierra no solo significa que algún árbol está por caer. También rompe refugios, espanta crías y deja a la intemperie a decenas de animales que no alcanzan a huir de la intervención en hábitats naturales.
Esa escena, al parecer, hoy en día se repite en varios frentes de obra en Pereira y su área metropolitana. Por eso, la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder) lanzó una advertencia directa: sin ahuyentamiento previo de fauna silvestre, no puede iniciar ninguna intervención.
En los últimos meses, técnicos de la entidad llegaron a zonas donde el concreto avanza sin pausa y encontraron rastros frescos de animales que intentaron escapar.
Huellas de armadillo en tierra removida, nidos a medio construir, madrigueras abiertas por maquinaria pesada. No son simples hallazgos. Son señales de un patrón que preocupa.
La Carder dejó claro que el control no letal de la fauna no es un trámite menor ni un requisito de papel, sino una obligación que debe cumplirse antes de cualquier aprovechamiento forestal. En términos simples, significa darle tiempo al bosque para vaciarse sin violencia.
El monte se queda sin tiempo
En sectores donde hoy se levantan urbanizaciones, el silencio del bosque se rompe de golpe. Primero llega la delimitación del terreno, luego el ingreso de maquinaria, después el corte de árboles. En ese orden, si no hay intervención previa, la fauna queda atrapada.
La médica veterinaria Eliana Cañas Vélez explicó que es en estas áreas es común encontrar zorros, guatines, iguanas, tucanetas y perros de monte, especies que aprendieron a convivir en los bordes de la ciudad, pero que no tienen margen de reacción frente a una obra que arranca sin aviso.
Por eso, el protocolo exige un paso inicial que muchos pasan por alto: recorrer el terreno, identificar especies, reconocer rutas de escape. El objetivo no es expulsar a la fauna con violencia, sino abrirle una salida.
Cuando ese proceso no ocurre, la escena cambia. Quedan animales desorientados, crías abandonadas, especies heridas que terminan en hogares de paso o, en el peor de los casos, muertos.
El ruido que ahuyenta o condena
El ahuyentamiento funciona con señales. Sonidos de baja intensidad, luces, siluetas de depredadores, humo controlado. Elementos simples que incomodan lo suficiente para que los animales se desplacen sin entrar en pánico.
Cada técnica tiene un propósito. El sonido empuja, la luz desorienta, el olor incomoda. En conjunto, crean un ambiente hostil que obliga a la fauna a moverse antes de que llegue la maquinaria pesada.
Sin embargo, el margen de error es mínimo. Una manipulación prolongada o un traslado improvisado puede generar estrés severo, una condición que, en especies silvestres, muchas veces resulta fatal.
La Carder acompaña estos procesos y, cuando detecta presencia activa de fauna, ordena detener la obra. No se trata de una recomendación, sino de una instrucción directa. El trabajo solo puede continuar cuando los animales han salido del área o han recibido atención adecuada.
El mensaje final de la autoridad ambiental es simple. El desarrollo urbano no puede avanzar como si el bosque estuviera vacío. Cada árbol talado sin control deja una historia incompleta. Cada obra que ignora la fauna suma presión sobre un equilibrio que ya muestra fisuras.
