Operan en 18 puntos críticos con dos turnos diarios y han logrado retorno voluntario de 150 habitantes calle.
La estrategia combina control territorial, intervención social y presencia institucional para reducir riesgos en zonas sensibles, especialmente alrededor de colegios. En Pereira, los llamados gestores de convivencia y seguridad se convertieron en una figura clave dentro de la estrategia institucional para recuperar el espacio público.
Su presencia se ha intensificado en sectores priorizados, en particular en los alrededores de instituciones educativas, donde buscan prevenir situaciones de intimidación, consumo de drogas y riesgos para menores de edad.
Estos equipos operan bajo un modelo que integra acciones de autoridad con enfoque social. No sólo vigilan, también intervienen, dialogan y orientan, en una dinámica que pretende disminuir conflictos urbanos y fortalecer la percepción de seguridad entre los ciudadanos.
Presencia diaria en zonas críticas
El despliegue de los gestores está organizado en dos turnos diarios que cubren desde las 07:30 de la mañana hasta el final de la tarde, lo que garantiza vigilancia continua en los puntos más sensibles.
Desde la Secretaría de Gobierno asegura que hay identificados 18 sectores críticos dentro de la ciudad, donde se concentra la intervención debido a la presencia constante de habitantes de calle y consumidores.
En estos lugares, los gestores realizan recorridos permanentes y desarrollan procesos de caracterización, siempre que exista disposición por parte de las personas abordadas.
Recogen información básica como identidad, lugar de origen, tiempo en calle y condiciones personales, lo que permite construir rutas de atención más efectivas desde la institucionalidad.
El diagnóstico oficial indica que Pereira tiene entre 800 y 1.000 habitantes de calle, una cifra que ha obligado a reforzar las estrategias de intervención social.
En ese contexto, uno de los resultados más relevantes ha sido el retorno voluntario de cerca de 150 personas a sus ciudades de origen, como parte de procesos coordinados con otras regiones del país.
Además, los gestores cumplen un rol disuasivo en el espacio público. Un ejemplo:evitar que situaciones de consumo o comportamientos agresivos afecten a comunidades vulnerables, especialmente a estudiantes en zonas escolares.
Albergues, disciplina y oportunidades
La labor de los gestores está articulada con la oferta institucional de atención, especialmente con los albergues disponibles en la ciudad. Pereira cuenta con dos centros de acogida, uno urbano y otro rural, cada uno con capacidad para 100 personas, donde se brinda acompañamiento integral a quienes aceptan ingresar voluntariamente.
El acceso a estos espacios está condicionado por reglas. El albergue urbano funciona bajo normas básicas de convivencia, mientras que el rural exige mayor disciplina, incluyendo la prohibición total de consumo de sustancias y conductas violentas. Este esquema busca generar procesos progresivos de adaptación y cambio.
En estos entornos, las personas reciben atención psicológica, acompañamiento social y capacitación en habilidades productivas, con el objetivo de facilitar su reintegración.
Las autoridades destacan que existen casos de éxito que evidencian el impacto de estos programas, donde antiguos habitantes de calle han logrado reconstruir sus proyectos de vida.
Uno de esos casos corresponde a un joven que, tras su paso por el albergue rural, aprendió sobre cultivos y autosostenimiento, lo que le abrió la posibilidad de acceder a una oportunidad laboral en el sector agrícola.
