Fenalco advierte que un incremento en dos dígitos generaría más inflación, informalidad, sobrecostos laborales y presiones fiscales.
El anuncio del salario mínimo para 2026 se acerca en medio de una fuerte tensión entre Gobierno, centrales obreras y gremios económicos. Fenalco advirtió que un ajuste alto sería un error al duplicar la inflación proyectada y provocar efectos adversos.
El presidente del gremio, Jaime Alberto Cabal, calificó la idea como “un despropósito económico”. A su juicio, el aumento del salario mínimo en 2025 ya se ubicó por encima de la inflación y repetir una fórmula similar elevaría los precios sin control.
Para el gremio, este tipo de ajustes termina generando “presión inflacionaria”, situación que afectaría al sector comercio debido que a mayor inflación se disminuye el poder adquisitivo y con ello, las posibilidades de que la ciudadanía pueda consumir productos.
El gremio aseguró que un incremento del 11% elevaría la remuneración total a $2.800.499, cifra que muchas empresas, especialmente mipymes, no pueden asumir. Ese escenario, advirtió Fenalco, incentivaría la “informalidad laboral”.
A esto se suma el impacto macroeconómico: un ajuste alto impediría que el Banco de la República reduzca las tasas de interés, debido a la presión inflacionaria asociada al mayor costo laboral. Para los comerciantes, esto frenaría la reactivación y afectaría la “estabilidad económica”.
Consecuencias fiscales
Fenalco también alertó que un incremento elevado encarecería la nómina del Estado, presionando su funcionamiento y aumentando la carga sobre los contribuyentes.
En su balance, el gremio insistió en que los sobrecostos afectarían programas sociales y el equilibrio de las “finanzas públicas”.
El gremio pidió evaluar el ajuste con criterios técnicos y no políticos. Según su análisis, un aumento en dos dígitos terminaría siendo “lo comido por lo servido”, pues el incremento en ingresos se perdería frente al encarecimiento inmediato de bienes y servicios.
