Nuevas denuncias en cárcel La 40 hablan de venta de cupos y cobros ilegales

In Eje Cafetero
octubre 27, 2025

Internos, según, pagan entre 180 y 220 mil pesos semanales y hasta 600 mil por cupos laborales en fase mínima carcelaria.

El negocio ilegal dentro de La 40 se mueve entre amenazas y privilegios que se pagan caro. Un privado de la libertad sin dinero enfrenta meses adicionales en encierro y castigos impuestos por quienes controlan los cupos, mientras crece el temor por traslados que los alejan de sus familias en los últimos días de condena.

Lo que se vive en cárcel La 40 es una realidad que pocos se atreven a denunciar, pero que muchos describen como un sistema paralelo de cobros irregulares, que según funciona a la vista de todos. 

Noticias 360 Digital habló con un informante que dijo que estas prácticas inician, principalmente, cuando el privado de libertad está próximo a obtener beneficios como libertad condicional o prisión domiciliaria. 

Según, los últimos meses de condena se convierten en una ventana de oportunidad para quienes manejan los cupos de trabajo por fuera del patio. 

Los puestos en el rancho de alimentación, la tienda conocida como la chaza o servicios varios, son catalogados como “estratégicos”.

Por qué cobran

“Las plazas se venden al mejor postor por valores que cambian entre 300 y 600 mil pesos. El que no tiene cómo pagar, que aguante”, dijo la fuente. 

Pero ese mercado es diferente a otro cobro. Para acceder a una mejor celda, una cama digna, un baño que funcione, una llamada telefónica de calidad o una alimentación menos precaria, deben entregar entre 180 y 220 mil pesos semanales.

Si un interno no paga, pierde todo acceso y queda sometido a vivir en condiciones aún más duras. Y hay más amenazas, pues las denuncias que llegan a medios o a organismos de control también se convierten en castigos para quienes están detrás de los muros.

“Si afuera se habla de mala alimentación, la comida empeora. Si se revelan irregularidades, la respuesta serían amenazas de traslado a cárceles lejanas, sin importar que al interno le falten pocos meses para terminar la pena”, explicó.

Afuera nadie se atreve a denunciar oficialmente por miedo a represalias contra los suyos. Explican que cada peso que entra a la cárcel busca frenar un traslado, evitar un golpe, conseguir una manta o asegurar que el preso llegue a su libertad en las mismas condiciones en las que ingresó.