Entre los reclusos figuran cinco cabecillas de primer nivel, siete extraditables y líderes criminales.
En lo corrido del año, van 316 internos trasladados desde Pereira a otros centros penitenciarios del país. La estrategia, coordinada entre la Policía Metropolitana de Pereira, el Inpec y el Gaula, ha permitido que figuras clave del crimen organizado dejen de operar en la capital risaraldense.
Según las autoridades, la medida busca evitar que los líderes criminales continúen impartiendo órdenes de extorsión, homicidios y tráfico de drogas desde los establecimientos carcelarios locales.
De los 316 traslados ejecutados, cinco corresponden a cabecillas de primer nivel y siete a personas con solicitudes de extradición. Entre los nombres destacados figuran alias La Negra, alias El Zurdo y alias Doble Cero, señalados de integrar estructuras delictivas con amplio prontuario en la región.
“Lo que permitimos con esto es reducir la criminalidad y garantizar que los hechos contra la vida disminuyan, como lo ha ordenado nuestro director general (Mayor General Carlos Fernando Triana Beltrán) y el ministro de Defensa (Pedro Arnulfo Sánchez Suárez)”, afirmó el coronel Óscar Ochoa, comandante encargado de la Policía Metropolitana.
Los operativos de control en la cárcel La 40, en coordinación con el Inpec, han dejado al descubierto la presencia de elementos prohibidos como celulares, agendas y tarjetas SIM, utilizados para coordinar actividades delictivas desde el interior del penal. Además, estos hallazgos han derivado en nuevas investigaciones judiciales.
El próximo paso
La Policía aseguró que los traslados no se limitan a delincuentes de alta connotación, sino que también abarcan a otros actores vinculados con redes de microtráfico, extorsión y homicidios selectivos.
El objetivo central es “quebrar la estructura criminal que aún intenta mantener influencia en las calles desde los patios carcelarios”, agregó Ochoa.
Con esta estrategia, Pereira busca reducir los indicadores de violencia que históricamente han estado ligados al control de cárceles como La 40 y La Badea.
La expectativa ahora es que, con los cabecillas fuera de la ciudad, se logre consolidar una mayor tranquilidad en barrios y comunas históricamente golpeados por estas estructuras.
