Gerson Alejandro Morales murió en combate tras viajar, según, engañado con promesas de dinero y entrenamiento militar.
Leonardo Morales necesita al menos $12 millones para viajar a Ucrania y reconocer el cadáver de su hijo. Este padre bogotano de 45 años relató con dolor e impotencia, toda la situación que atraviesa su familia tras la muerte del joven de 25 años, en medio de un conflicto que no era suyo.
Esta historia muestra un capítulo más de la tragedia de los reclutamientos de jóvenes colombianos por redes sociales, promesas incumplidas y familias humildes que, además de perder a sus hijos, deben asumir la carga de buscar sus restos en un país en guerra.
Gerson salió de Bogotá en junio de este año, reclutado a través de TikTok con la promesa de un entrenamiento de dos meses y un sueldo inicial de 12 millones de pesos, que después ascendería a 20 millones cuando ingresara a operaciones de combate.
Su objetivo, según contó su padre, era sacar a la familia del barrio marginal de Ciudad Bolívar donde viven actualmente en condiciones precarias.
“No alcanzó a cumplir un mes allá”, dice Leonardo. Su hijo murió en combate antes de recibir siquiera el primer pago. Desde Ucrania, ni el dinero prometido ni el apoyo a la familia llegaron.
El padre explicó que lo más urgente es poder demostrar legalmente que su hijo tenía familia en Colombia. Para eso debe viajar a Ucrania, entregar pruebas de ADN y radicar documentos que respalden el proceso de repatriación de sus restos.
“No quiero que lo dejen allá como si fuera un desconocido, él tiene familia, tiene un papá que lo llora”, le dijo a 360 Noticias.
El trámite, según sus cálculos, cuesta entre 10 y 12 millones de pesos sólo para el viaje y la estadía mínima. Morales insiste en que no busca beneficios materiales: su único propósito es traer de regreso a Colombia “aunque sea los huesitos” de su hijo.
Por su parte, la Cancillería colombiana, afirma, se ha limitado a remitir correos al consulado en Varsovia, pero no han ofrecido una ruta clara para la repatriación ni recursos económicos.
Mientras, el cuerpo de Gerson permanece en Ucrania, a la espera de que su padre logre reunir el dinero necesario para viajar. “Esto no es para nosotros, no es para vivir mejor. Es para un padre desesperado que quiere despedirse de su hijo”, agregó.
Hoy, su voz es un llamado a la solidaridad. Pide que los colombianos de buen corazón lo ayuden con lo que puedan aportar, para cumplir una tarea que debería ser un derecho: enterrar dignamente a su hijo en su país natal.
En barrios como Ciudad Bolívar, donde la familia Morales vive en un rancho improvisado, el dolor se multiplica con la impotencia. La guerra en Ucrania parece lejana, pero las consecuencias golpean con fuerza a quienes menos esperaban ser parte de ella.
La historia de Leonardo y Gerson no es un caso aislado. Decenas de familias colombianas enfrentan la misma tragedia silenciosa: hijos reclutados bajo engaños, muertos en combate a miles de kilómetros, y padres que deben mendigar ayuda para poder recuperarlos.
“Se agradece de corazón, si la ayuda la pueden hacer a través de la línea 3214740828, no importa el valor”, completó Morales.
