Confusas versiones y ausencia de testigos claves dificultan esclarecer quién conducía la motocicleta siniestrada.
El trágico fallecimiento de Luz Adriana Giraldo Ramírez dio pie al inicio de una compleja investigación penal tras un accidente de tránsito. Los hechos ocurrieron la madrugada del pasado sábado en la calle 48 con avenida 30 de Agosto, de Pereira.
Tenía 34 años, era madre de dos niños y vivía actualmente en el sector Alto de Los Castros, en la ciudadela Cuba. La circunstancia aún no son claras, y ahora será la Fiscalía General de la Nación la que asuma la tarea de esclarecer lo sucedido.
El reporte preliminar, dice que Luz Adriana fue trasladada con signos vitales a la clínica Noé, donde ingresó en estado crítico. El diagnóstico señala trauma craneoencefálico severo y trauma de tórax, lesiones que provocaron un paro cardiorrespiratorio y su fallecimiento.
Nadie se hizo responsable
Unidades de tránsito realizaron la inspección técnica al cadáver y activaron el protocolo para recolección de pruebas, pero desde el primer momento surgieron obstáculos.
Al llegar al sitio del accidente, los agentes no encontraron al conductor de la motocicleta en la que viajaba Luz Adriana. La moto tampoco tenía documentación que permitiera establecer su propiedad o identificar de manera inmediata a quien la conducía.
¿Quién iba manejando?
La escena del accidente se tornó caótica. Según relataron los testigos y el informe oficial, había varias personas lesionadas, pero nadie aclaró quién era el conductor de la moto siniestrada.
Un hombre con heridas, ropa rasgada y un casco blanco fue visto cerca del lugar. Aunque su descripción coincidía con la del posible conductor, nunca aceptó ser el piloto de la motocicleta.
“El señor dijo que había presenciado el accidente, pero no que lo hubiera provocado. Tenía signos de caída y lo llevamos con los demás a la clínica. Más tarde, cuando se le informó que la mujer había muerto, simplemente se retiró y no regresó”, dijo un una fuente.
Una de las acompañantes de otro herido aseguró no recordar quién conducía ni cómo ocurrió el hecho. Según, por el estado de desorientación y el estado de shock no se pudo realizar pruebas de alcoholemia.
Pocas pistas
Una entrevista con el personal de la ambulancia que atendió la emergencia arrojó un indicio clave. Una de las socorristas recordó a un hombre que decía: “¡No me la dejen morir!”, al tiempo que observó su vestimenta y coincidía con la del hombre de la ropa resgada.
“Le tomé una fotografía, pero cuando intentamos ubicarlo, ya se había ido. Lo único que quedó fue el registro fotográfico”, agregó otro testigo.
La motocicleta quedó bajo custodia de las autoridades, pero no se encontraron documentos ni placas visibles que permitieran vincularla con una persona específica.
Dado que no fue posible individualizar al conductor ni realizar pruebas de alcoholemia o toxicología, las autoridades de tránsito remitieron el caso a la Fiscalía para su investigación formal.
