El homicidio de Leonardo Hortúa Blandón devela un entramado de mafia, venganza y dolor. El pasado familiar recientemente se dio a conocer tras el de Lyan Hortúa Bonilla, liberado tras 18 días de cautiverio en Jamundí, Valle del Cauca.
Fuentes cercanas a la investigación revelaron nuevos detalles sobre el asesinato de Hortúa Blandón, alias ‘Mascota’, un hombre con amplio prontuario criminal que, en su momento, tuvo nexos con el temido grupo Los Rastrojos.
Los hechos ocurrieron el 16 de abril del 2013, en el barrio San Luis de Cali, cuando Mascota, que se encontraba con prisión domiciliaria por varios delitos relacionados con el narcotráfico, salió a una cita odontológica privada.
Según el expediente judicial, solo un círculo muy reducido sabía de esa salida. Sin embargo, sicarios lo estaban esperando. Apenas ingresó al consultorio, fue sorprendido y recibió al menos cuatro disparos entre la cabeza y el torso.
La muerte de ‘Mascota’ no fue un crimen común. Investigaciones de inteligencia de la época señalan que su ejecución habría sido ordenada por enemigos del capo conocido como ‘Diego Rastrojo’, a quien en el pasado Leonardo habría servido, pero también presuntamente traicionado.
Leonardo Hortúa fue parte de las redes logísticas de Los Rastrojos, una organización que dominó gran parte del occidente colombiano en alianza con algunos integrantes del Cartel del Norte del Valle. En ese entorno también operaron nombres como ‘Chupeta’, ‘Don Diego’ y ‘Pacho Herrera’.
Tras su captura en el 2010, Mascota fue enviado a prisión, pero logró el beneficio de casa por cárcel, supuestamente por problemas de salud. Desde allí, supuestamente continuó haciendo negocios y, según versiones no confirmadas oficialmente, gestó alianzas paralelas que le habrían costado la vida.
Cuando fue asesinado, su esposa estaba embarazada de Lyan. Es decir, el menor nació sin conocer a su padre y creció bajo la sombra de un apellido que sigue generando reacciones encontradas en los círculos judiciales y del crimen organizado.
A sus casi 12 años, Lyan vivió el drama de un secuestro que no tendría móviles económicos claros. La hipótesis más fuerte que manejan las autoridades tras su liberación es que el rapto fue un mensaje directo vinculado a deudas entre viejos capos.
Al parecer, la madre del niño habría sido testaferro de un excapo recientemente liberado, quien habría buscado recuperar una millonaria suma. “Esto no fue por dinero ni extorsión. Fue una vendetta entre narcos que usaron al niño como ficha”, es la versión que manejan los investigadores.
