“Esto ha sido una muerte en vida”: el clamor de la madre de Lyan, niño secuestrado en Jamundí

In Judicial
mayo 20, 2025

Ya van más de dos semanas sin saber del menor. La madre de Lyan Hortúa denuncia que su salud es delicada y que teme lo peor. Autoridades, Iglesia y organismos internacionales insisten en su liberación.

Han pasado más de dos semanas desde que el pequeño de 11 años, fue secuestrado por un grupo armado en su propia vivienda en la vereda El Potrerito, en zona rural de Jamundí, al sur del Valle del Cauca.

El caso, que ha generado una profunda conmoción nacional, aún no encuentra una solución, mientras su madre, Angie Bonilla, clama al Gobierno y a los captores por la vida de su hijo.

“Esto ha sido una muerte en vida, porque es la pérdida de un hijo que no sé en qué condiciones está”, dijo Bonilla en entrevista con Noticias RCN.

El secuestro

El pasado 3 de mayo, hombres fuertemente armados y encapuchados irrumpieron en su casa y se llevaron al niño bajo amenaza de fusil, descalzo, sin camisa y bajo la lluvia.

El secuestro, registrado por las cámaras de seguridad del inmueble, muestra el instante en que cinco hombres armados ingresan de manera violenta a la vivienda. Mientras unos intimidan a la madre y a una empleada en el primer piso, otros suben al segundo nivel donde se encontraba el padrastro del niño, que logró escapar con un bebé en brazos.

En medio de la tensión, Lyan sale de una habitación con las manos en alto. Uno de los secuestradores lo toma por el cuello y lo arrastra fuera de la casa. Horas más tarde, la niñera que fue llevada junto a él fue dejada en libertad en una zona rural cercana, pero de Lian no se ha vuelto a saber nada.

La salud del niño

El drama de esta familia se agrava por la delicada condición de salud del menor. Según relató su madre, Lyan sufre de una enfermedad respiratoria crónica que le ha generado graves crisis. “En 2022 tuvo un episodio muy fuerte. Salimos corriendo a la clínica, y casi no alcanzamos a llegar. Mi mayor temor es que sus pulmones se inflamen de nuevo y no se pueda hacer nada”, dijo Bonilla.

La angustia crece con cada día sin noticias. “No me imagino que eso le pase allá, en esas condiciones. No sé dónde lo tengan. No sé si lo estén cuidando”, agregó.

En medio de la incertidumbre, la madre también ha dirigido un mensaje de fuerza y amor a su hijo, en caso de que pueda escucharlo. “Ay, hijo de mi alma, qué valiente eres. Eres un niño muy valiente. Gracias, mi amor, por estar firme porque sé que tú lo vas a lograr”, expresó con esperanza.

Llamado al Presidente

También hizo un llamado directo al presidente Gustavo Petro: “Le pido que me mire con ojos de amor, con ojos de misericordia, porque usted también es padre. Ayúdeme a recuperar a mi hijo”.

La Policía Nacional y el alcalde de Cali, Alejandro Eder, han señalado públicamente a las disidencias de las Farc como responsables del plagio. En especial, a estructuras armadas que operan en esta zona montañosa de Jamundí, donde se han fortalecido en los últimos años, aprovechando la débil presencia institucional.

La Fiscalía, el Gaula y la Gobernación del Valle se han mantenido en constante contacto con organismos humanitarios que actúan como intermediarios. Delegados de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Cruz Roja y la Arquidiócesis de Cali han iniciado diálogos con voceros del grupo armado, en busca de una salida humanitaria.

Posible entrega

Según versiones divulgadas por la Iglesia, existiría disposición por parte del grupo armado para entregar al menor, y se asegura que se encuentra en buen estado de salud. Sin embargo, la demora en su liberación ha encendido las alarmas de defensores de derechos humanos y de la comunidad internacional.

Mientras tanto, en Jamundí, la comunidad no ha dejado de movilizarse. Estudiantes, vecinos, docentes, campesinos y líderes sociales han encabezado vigilias, caminatas y plantones. “Lian somos todos”, se lee en las pancartas, mientras niños de su colegio alzan la voz en su nombre.

La imagen del niño saliendo con las manos en alto, arrastrado por hombres armados bajo la lluvia, se ha convertido en un símbolo de la crudeza del conflicto en el suroccidente colombiano. La pregunta que hoy se hacen miles de ciudadanos es: ¿cuánto más deben esperar para que lo liberen?