
Anderson Josué Rosales Martínez tenía 24 años y tres razones para levantarse todos los días con una sonrisa: sus hijos de 2, 6 y 8 añosEra un muchacho humilde, campesino, portuguesa es un estado llanero ubicado en el centro del país más hacia el norte. Le dicen el granero de Venezuela y es la tierra de un gran prócer de la independencia llamado José Antonio Páez. La tierra de los espantos, la tierra del silbón.
El martes 8 de abril parecía un día más. Anderson terminó su jornada en una finca cercana a La Carmelita y se subió a su moto Honda Eco Deluxe para regresar a casa. A su lado, en otra motocicleta, iba un compañero de trabajo. Salieron juntos a la vía Cerritos – La Virginia, sin imaginar que el camino de uno terminaría allí.
Fue en la entrada 4 del sector La Carmelita donde el destino lo sorprendió. Anderson, según las autoridades, perdió el control de su moto y chocó de frente contra una volqueta. Su compañero logró pasar sin inconvenientes, pero él no tuvo la misma suerte. El impacto fue tan violento que murió en el acto, pese a la rápida llegada de una ambulancia privada.
En el lugar del siniestro quedó no solo el cuerpo de un joven trabajador, sino también los sueños de una familia que lo esperaba en casa. Su esposa aún no asimila lo sucedido. Sus hijos, demasiado pequeños para entender la palabra “muerte”, preguntan cuándo regresará papá.
La investigación sobre lo ocurrido está en curso. La motocicleta y la volqueta fueron inmovilizadas, mientras los peritos del Instituto de Movilidad de Pereira levantaban el croquis del accidente y trasladaban el cuerpo a Medicina Legal.
Anderson deja una historia como la de muchos migrantes: la de quien lo entrega todo por sacar adelante a su familia en un país distinto al suyo.
