En los últimos meses, Colombia ha experimentado un aumento significativo en el retorno de ciudadanos desde Estados Unidos y México, en medio de una política migratoria más estricta en el hemisferio norte. Paralelamente, comunidades costeras del país enfrentan desplazamientos internos debido al impacto del cambio climático, generando una doble crisis migratoria con implicaciones económicas y sociales.
Deportaciones desde EE. UU. y México: un regreso forzado
Desde el inicio del año, el flujo de migrantes colombianos retornando al país ha crecido drásticamente. Según datos de la Cancillería, entre el 15 de enero y el 28 de febrero de 2025, al menos 1.885 colombianos han sido deportados de Estados Unidos y México.
El endurecimiento de las políticas migratorias en EE. UU., bajo la nueva administración de Donald Trump, ha resultado en la suspensión de citas de asilo y detenciones masivas en la frontera. Muchos colombianos, que habían emprendido el peligroso trayecto a través de la selva del Darién y México en busca del sueño americano, se han visto obligados a regresar.
En aeropuertos como el de Bogotá y Medellín, el arribo de vuelos con ciudadanos deportados es cada vez más frecuente. Algunos de ellos vuelven sin recursos ni apoyo, lo que plantea un reto para su reinserción en la economía nacional. La falta de oportunidades laborales, la inseguridad y la crisis social en algunas regiones del país son factores que los empujaron a migrar en primer lugar, y que ahora agravan su situación.

Desplazamientos por cambio climático en el Pacífico colombiano
Mientras tanto, en el litoral Pacífico, comunidades enteras están siendo desplazadas por la crisis ambiental. En el corregimiento de Juanchaco, en el Valle del Cauca, el aumento del nivel del mar y la erosión costera han destruido 22 viviendas y dañado otras 39 desde julio del año pasado.
Los habitantes, en su mayoría pescadores y operadores turísticos, han visto cómo la playa desaparece y sus hogares colapsan por el embate de las olas. La situación ha obligado a muchas familias a abandonar sus tierras y buscar refugio en zonas más seguras, generando una migración interna que pone en riesgo su cultura y sus medios de vida.
“La playa que nos daba sustento ya no existe, el mar se la está tragando”, dice uno de los afectados, que ha perdido su negocio de hospedaje por la erosión. La comunidad ha solicitado ayuda del Gobierno Nacional, pero hasta ahora las soluciones han sido insuficientes.
Un desafío creciente para Colombia
El fenómeno migratorio en Colombia está marcado por una combinación de factores externos e internos. Mientras la nación enfrenta el retorno de ciudadanos deportados que habían apostado por una nueva vida en el extranjero, también debe atender a quienes, dentro de su propio territorio, son desplazados por los efectos del cambio climático.
Las autoridades han señalado que se están buscando estrategias para mitigar ambos problemas, incluyendo planes de reinserción laboral para los migrantes retornados y proyectos de reubicación para comunidades vulnerables al cambio climático. Sin embargo, las soluciones aún parecen lejanas para quienes han perdido su hogar y su estabilidad.
Esta doble crisis migratoria plantea grandes retos para el Gobierno, que debe equilibrar la atención humanitaria con políticas de desarrollo sostenible que permitan ofrecer oportunidades a quienes han sido afectados. En medio de estos desafíos, la incertidumbre sigue siendo la única constante para miles de colombianos.
