A varios días del terremoto, familiares de personas atrapadas bajo los escombros piden que las labores de búsqueda no se detengan.
“No queremos publicidad”. Con esas palabras comienza el llamado de una mujer que permanece frente a uno de los edificios colapsados. Dice que no busca cámaras ni protagonismo. Lo único que pide es apoyo para seguir buscando a su familia.
En un video que aparece en redes sociales relata que algunos de sus familiares lograron comunicarse desde el interior de la estructura y les enviaron un mensaje que mantiene viva la esperanza: aún estaban con vida y la batería de sus teléfonos apenas conservaba dos líneas de carga. Por eso insiste en que cada minuto cuenta y que el lugar debe ser intervenido.
En medio de su desesperación, la mujer señaló que ni siquiera necesitan un gran despliegue de maquinaria pesada. Afirma que, con dos herramientas metálicas conocidas en la zona como “plumas”, podrían levantar parte de las placas de concreto y continuar ellos mismos la búsqueda.
“Nosotros seguimos como topos sacando nuestra gente”, dice, mientras explica que las máquinas que, según les habían prometido, nunca llegaron al sitio. También cuestionó la presencia de algunas autoridades, a quienes acusa de limitarse a observar la emergencia sin participar directamente en las labores de rescate.
Incluso pide acceso a internet y energía para cargar los teléfonos celulares. Explica que necesitan mantener comunicación, grabar videos y mostrar lo que, según ella, realmente ocurre en el lugar. Insiste en que todavía hay personas con vida bajo los escombros y que su intención es hacer visible esa realidad.
Para los especialistas es distinto. En el mismo punto de la emergencia, la médica Yuri Rodríguez explicó que un equipo francés desplegó tecnología especializada capaz de detectar posibles signos vitales y temperatura corporal entre los escombros. Según, los equipos registraron actividad durante las primeras horas y hacia las 5:35 de la tarde dejaron de emitir respuestas en ese sector.
Por un lado, la ciencia orienta las decisiones de los equipos de rescate. Por el otro, la esperanza de las familias se niega a aceptar que la búsqueda haya terminado. En medio de esa incertidumbre, el terremoto vuelve a plantear una pregunta que trasciende las fronteras de Venezuela: ¿están realmente preparados los sistemas de respuesta para enfrentar una catástrofe de esta magnitud y, al mismo tiempo, acompañar el dolor y la incertidumbre de quienes esperan noticias de sus seres queridos?
