La víctima sobrevivió con graves secuelas tras el violento ataque que sufrió a principios de este año en Dosquebradas.
El 19 de enero de este año E.M.H terminó una relación sentimental, pero su vida por poco termina en medio de un ataque violento. Esa noche,en una vivienda del sector La Raquelita, su excompañero sentimental le causó dos heridas en el cuello con un cuchillo y la abandonó en medio de un incendio.
El hombre que había sido su pareja durante casi una década la atacó. Ella había tomado la decisión de terminar la relación, pero esa decisión no fue bien recibida.
No tenían hijos en común, pero sí una historia larga, compartida bajo el mismo techo que ahora terminó convertida en violencia0.
Esa noche, la discusión subió de tono. El hombre tomó un arma cortopunzante y le propinó varias heridas, dos de ellas en el cuello, en una zona donde centímetros definen la vida o la muerte.
Pero no fue lo único. Después del ataque, el agresor cerró la vivienda y prendió fuego al interior. El incendio empezó a consumirlo todo. La escena era doble: violencia y fuego al mismo tiempo.
Arriba, en el segundo piso, la familia comenzó a notar el humo. Bajaron, rompieron una ventana e ingresaron a la fuerza para rescatarla. La encontraron grave. Apenas con vida. Un hijo adolescente, de 16 años, también resultó afectado por el humo.
Las ambulancias llegaron. Varias. A ella la trasladaron en estado crítico y como persona no identificada. Al agresor también lo llevaron a un centro médico por una herida superficial en el cuello, que supuestamente se hizo él mismo.
Ella no habló durante días. Sobrevivir no fue suficiente. Estuvo en coma cerca de una semana. Pasó por varios centros médicos hasta recuperar la conciencia. Pero no volvió a ser la misma.
Hoy, su familia cuenta que tiene una disminución cercana al 80% en el habla, además de limitaciones físicas y emocionales que siguen en tratamiento, pero el problema no terminó con sobrevivir.
El caso no fue reportado a tiempo en los sistemas oficiales, pese a tratarse de un hecho evidente de violencia de género. De intento de feminicidio. Solo semanas después, una líder social alertó a las autoridades y activó el registro institucional.
Para entonces, ya era tarde para muchos motivos. Hay noticia criminal por tentativa de feminicidio, pero el proceso no muestra avances visibles. Nadie les explicó rutas, ni tiempos, ni decisiones. Nadie volvió. Y el agresor tampoco desapareció.
Sigue libre. Y, según denuncian, ha sido visto cerca del sector, lo que mantiene a la familia en un constante miedo e impotencia.
Mientras tanto, la recuperación es lenta. Hay terapias pendientes, medicamentos sin entregar y barreras en la atención médica, que dificultan cualquier posibilidad de mejorar la calidad de vida de la víctima.
El caso deja una pregunta incómoda ¿De qué sirve denunciar, si la respuesta llega tarde o no llega? Hoy, dos meses después, el hombre señalado de intentar matarla sigue en libertad.
