A los jugadores les deben de 2 a 3 meses de salario, una deuda de entre 1.000 y1.500 millones de pesos.
El Deportivo Pereira vivió entre 2022 y 2023 la mejor bonanza de su historia: su primer título en el fútbol profesional colombiano y una campaña heroica en la Copa Libertadores que generó ingresos superiores a los 6,4 millones de dólares. Dos años después, el equipo podría perder reconocimiento deportivo por millonarias deudas e incumplimientos laborales.
Todo ocurrió bajo la presidencia de Álvaro López Bedoya, su principal accionista. El empresario estuvo preso en España hace más de tres décadas por tráfico de estupefacientes, regresó al poder del club justo antes de que la crisis estallara de nuevo.
Álvaro de Jesús López Bedoya es hoy el dirigente más cuestionado del fútbol colombiano. Su regreso al control del Deportivo Pereira en 2022 coincidió con un periodo que prometía consolidación institucional, pero derivó en una tormenta financiera que amenaza la permanencia del equipo en competencias oficiales.
Su pasado regresa a la escena pública
En 1987, a López lo capturaron en Barcelona luego de que autoridades españolas encontraran casi siete kilos de cocaína escondidos en libros que habían sido exportados desde Colombia. Dos años después lo condenaron por delitos contra la salud pública a 10 años de prisión.
Sin embargo, en 1990 se fugó durante un permiso carcelario, y aunque existió orden internacional de captura, el proceso se archivó en 2000 por vencimiento de términos.
Tras su regreso al país, López incursionó en el transporte público. Su apellido empezó a sonar con fuerza por su participación en Promasivo, operador de Megabús. Incluso, investigaciones sobre la posible filtración de capitales irregulares encendieron alertas judiciales, pero no prosperaron.
El salvador que terminó tomando el timón
El vínculo con el Deportivo Pereira inició en 2010, cuando la nómina llevaba semanas sin recibir pago y el equipo estaba en paro. López puso $250 millones, se volvió accionista y empezó a ganar poder interno hasta quedarse con la mayoría accionaria tras un largo proceso judicial.
La Copa Libertadores y la primera estrella del club parecían un punto de inflexión definitivo. Pero en menos de dos años los balances se desplomaron: utilidades de $1.679 millones en 2023 se convirtieron en pérdidas superiores a $3.300 millones al cierre de 2024. Los pasivos, según reportes internos, superan ya los $25.000 millones.
Los futbolistas profesionales dejaron de entrenar por falta de pago. La institución tuvo que competir con juveniles, con goleadas que golpearon el prestigio deportivo y expusieron la gravedad de la crisis.
El incumplimiento constante frente a la plantilla y a obligaciones tributarias podría desencadenar la sanción más severa: la suspensión del reconocimiento deportivo, lo que paralizaría toda competencia y actividad legal del club.
Una administración señalada por insistir en viejos errores
Directivos actuales, empleados y abogados del sector deportivo aseguran que el Pereira está repitiendo los mismos patrones que lo llevaron a la liquidación hace una década: opacidad financiera, falta de pagos y creciente incertidumbre sobre el origen y manejo de los recursos.
En este contexto, López insiste en que se están realizando abonos a la deuda con los jugadores y promete una auditoría externa que explique la caída contable. Sin embargo, no hay claridad oficial sobre cómo se perdió la bonanza reciente.
El club que devolvió el orgullo a Pereira hoy enfrenta una amenaza existencial. Para los aficionados, el temor es evidente: que los problemas de un dirigente con antecedentes judiciales arrastren nuevamente a la institución hasta el abismo.
