Exjefe del cartel del Norte del Valle y antiguo aliado de ‘Don Diego’. Murió tras supuestamente dispararse en su casa.
En una finca de la vereda Monte Largo, zona rural de Pereira, cayó el telón de una de las historias más turbulentas del narcotráfico colombiano. Gildardo Rodríguez Herrera, conocido en su tiempo como el hombre de la camisa roja y señalado por Estados Unidos como uno de los operadores más violentos del cartel del Norte del Valle, se quitó la vida este miércoles de un disparo en la cabeza.
Tenía 59 años y, según su familia, atravesaba una etapa de depresión y aislamiento desde su regreso a Colombia tras cumplir condena en una cárcel norteamericana.
La escena, para algunos de sus allegados, fue “un acto desesperado en medio de un cuadro emocional severo”. Los hechos se registraron hacia la 01:30 de la tarde de este 22 de octubre.
Un informe preliminar dice que, Rodríguez Herrera se encontraba en la habitación principal de su vivienda cuando tomó un arma de fuego y se disparó del lado izquierdo de la cabeza.
Su esposa, Adriana Rodríguez Peña, lo halló con vida y lo trasladó de urgencia a la Clínica San Rafael, donde los médicos hicieron hasta lo imposible por salvarle la vida, pero falleció cerca de las 09:40 de la noche pese a una intervención quirúrgica de emergencia.
Cruzó las fronteras del narcotráfico
El nombre de Rodríguez Herrera fue sinónimo de poder en los años más sangrientos del cartel del Norte del Valle. Las autoridades de Estados Unidos lo acusaron desde 2003 de integrar la estructura de Diego León Montoya Sánchez, alias Don Diego, y de dirigir un violento grupo armado encargado de cobrar las deudas a sangre y fuego.
Según documentos oficiales, Gildardo reclutaba militares y exmilitares para proteger los laboratorios de cocaína y filtrar información sobre los operativos. En su momento, la DEA lo consideró un eslabón clave en la exportación de cargamentos de droga hacia México y Estados Unidos, rutas que posteriormente replicaron otros capos del occidente colombiano.
Rodríguez también fue investigado por su papel en la guerra interna que fracturó al cartel del Norte del Valle, la misma que dejó centenares de muertos y que enfrentó a las facciones de Don Diego y Wilber Varela, alias Jabón.
De extraditado a ganadero silencioso
En diciembre de 2008, el gobierno colombiano autorizó su extradición a Estados Unidos, donde lo juzgaron por narcotráfico. En 2013 recibió una rebaja de 123 meses de su condena tras colaborar con información clave sobre las rutas y estructuras del negocio.
Su testimonio ayudó a desmantelar redes de envío de cocaína desde el Pacífico colombiano y a identificar a varios testaferros en Centroamérica.
Cumplida su pena, regresó al país bajo perfil. En 2017, intentó colarse en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) tras alegar supuestos vínculos con grupos paramilitares, maniobra que bloqueó la Corte Suprema.
Desde entonces, se instaló en una finca de su propiedad en Risaralda, donde se dedicaba a la ganadería y al comercio local.
Vecinos del sector aseguran que llevaba meses encerrado, sin visitas ni apariciones públicas, aunque pocos sabían quién era. “Casi no salía”, relató un habitante de la zona.
