La ciudadanía exige que se aplique la Ley Ángel contra el agresor. El hombre le disparó en vía pública.
Fue un acto de crueldad inexplicable. Un perro que había encontrado refugio en la solidaridad de un barrio fue abatido a tiros por un hombre armado, presuntamente un escolta, que reaccionó con violencia sólo porque el animal ladró.
La escena, presenciada por varios vecinos del sector, hoy tiene a toda una ciudad indignada. El hecho ocurrió el pasado sábado en el sector de La Enseñanza, en Pereira.
Los habitantes habían adoptado al perro callejero como parte de la comunidad. Le habían construido una casita y entre varios vecinos se turnaban para alimentarlo y brindarle cuidado.
lo que pasó este sábado fue un acto de completa intolerancia. Según testigos, el animal le ladró a un hombre que transitaba por la zona y este, en respuesta, sacó un arma de fuego y disparó.
Carlos Alberto Jaramillo, residente del sector, narró con impotencia la secuencia de los hechos. “El perrito solo ladró, no lo iba a morder. Yo le dije al hombre que no lo hiciera, pero él cargó el arma y le disparó. Lo dejó tirado ahí, sin vida”, contó.
Tras el disparo, el agresor continuó caminando con tranquilidad, al menos así muestra un video grabado por los mismos residentes. Vecinos intentaron seguirlo y tomarle fotografías, aunque sólo lograron una imagen de espaldas.
“Teníamos miedo. Si alguien lo enfocaba de frente, podía disparar otra vez”, agregó Jaramillo. Ahora, el pedido unánime es que la Fiscalía actúe y se imponga la Ley Ángel, que contempla sanciones de cárcel para casos de maltrato animal con desenlace fatal.
El coronel Miguel Camelo, comandante de la Policía Metropolitana de Pereira, aseguró que la investigación ya está en curso. “El caso está en manos de la Fiscalía. Se han recopilado testimonios y evidencias”, afirmó el oficial.
Precedentes con al Ley Ángel
Recientemente, en Bucaramanga, un caso de agresión contra un perro en vía pública generó proceso penal bajo la Ley Ángel y marcó un precedente de judicialización.
En la Enseñanza, la casita vacía de Toni hoy es un símbolo del dolor para los vecinos que lo recuerdan como un animal noble, fiel y parte de la vida diaria. “ No era de la calle, era nuestro. Lo cuidábamos entre todos”, dijo un residente.
Mientras avanza la investigación, la exigencia de justicia no cede. Los habitantes piden que este caso no se convierta en una estadística más de intolerancia, sino en un precedente que reafirme que los animales también son seres sintientes.
